✅ La HISTORIA de la ECONOMÍA desde la prehistoria a la actualidad

Memorias de Tiburón
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Normalmente siempre te han contado la historia de la humanidad desde el punto
de vista de las guerras y las conquistas, sin embargo la economía muchas veces ha
explicado mejor el camino del ser humano hasta la actualidad que las propias
guerras, así que en el vídeo de hoy vamos a explicar cómo ha evolucionado el
ser humano a través de la economía, cómo han ido surgiendo los distintos sistemas
económicos y cómo la humanidad ha llegado a ser lo que es hoy en día, así
que venga, vamos al lío. La economía ha acompañado a los seres humanos desde
siempre, si bien en la prehistoria no existían ni los bancos centrales, ni los
mercados, ni siquiera el dinero, los seres humanos ya comerciaban de una manera
muy primitiva. Vamos a ponernos en situación, estamos en el paleolítico, una
era en la que los seres humanos vivían en grupos nómadas que iban de cueva en
cueva o montando chozas temporales siguiendo a grandes rebaños de animales
o instalándose allí donde había peces que pescar o muchos frutos silvestres
que recolectar. En esta época la economía giraba dentro del propio grupo, ya que de
una manera u otra el grupo tenía que organizarse. Algunos miembros se
encargaban de buscar comida y otros realizaban ciertos servicios,
generalmente los hombres cazaban y las mujeres recolectaban. A los niños se les
asignaban tareas más ligeras y los ancianos solían cuidar a estos, pero
también había especialistas, aquellos que hacían las mejores herramientas,
aquellos que preparaban mejores alimentos o cualquier cosa que os
podáis imaginar. Estos grupos nómadas también tenían sus movidas entre ellos
y guerreaban por recursos o territorios con otros grupos. No obstante, entre
diferentes grupos también existía un comercio muy primitivo en el que podían
llegar a intercambiar lo poco que tenían, ya que por aquel entonces los
grupos nómadas apenas almacenaban recursos, ya que al ser nómadas el
transporte de estos se complicaba. Sin embargo con el paso del tiempo los
seres humanos empezaron a entender que podían criar y domesticar animales para
luego obtener carne, leche, huevos o pieles y también empezaron a entender que
plantando semillas en la tierra y cuidando un poco el fruto de estas
semillas podrían producir alimentos y tener un flujo constante de comida y así
es como nació la agricultura y la ganadería. Pero ojo que esto es súper
reciente, hablamos de hace apenas 12.000 años. El problema es que todas estas
actividades requerían de dejar de moverse y asentarse en lugares top. ¿Y qué son
lugares top? Pues sitios con agua cerca, preferiblemente el mar o un río, lugares
con tierra fértil y con un clima que permitiese llevar una buena vida. Así que
los seres humanos comenzamos a construir refugios permanentes para todos y
así es como nacieron los primeros poblados. ¿Os acordáis de que en los
grupos nómadas había miembros del grupo que se especializaban en diversas tareas?
Pues con el suministro de comida asegurado gracias a la agricultura y la
ganadería estos especialistas se profesionalizaron y comenzaron a surgir
los primeros artesanos y constructores. Poco a poco el paleolítico se fue
convirtiendo al mesolítico y después al neolítico. Con todo este cambio de
paradigma llegaron las primeras herramientas agrícolas como las azadas
o los alados y también algo mucho más importante, los almacenes y los silos que
por fin permitían al ser humano guardar el excedente de alimentos para consumirlos
en periodos de escasez o intercambiarlos por otros bienes y
servicios. A medida que los pueblos se hacían más grandes y las sociedades un
poco más complejas la economía comenzó a parecerse a lo que es hoy en día. Los
artesanos que hacían herramientas necesitaban comer, el que plantaba
zanahorias necesitaba huevos y el que tenía gallinas necesitaba zanahorias y
herramientas. En definitiva que había que encontrar la manera de comerciar y así
es como los intercambios de bienes y servicios que se llevaban dando durante
toda la vida a pequeña escala comenzaron a establecerse en base a
reglas. El trueque era sencillo y más o menos todo el mundo era capaz de
establecer precios según la escasez de los productos o de la complejidad de los
servicios comprados. De hecho comenzaron a surgir los mercados, lugares en los que
ciudadanos llegados de diversos pueblos podían comerciar e incluso algunos
venían con un montón de productos a comerciar desde otros lugares mucho más
lejanos. Así es como surgen los primeros comerciantes. Todo esto que os estoy
contando tiene su origen en lugares como el Antiguo Egipto que aprovecharon el
Valle del Nilo o Mesopotamia donde surgieron importantísimas ciudades
estado como Ur o Babilonia. También podemos hablar de las civilizaciones del
Valle del Indo como Arapa o Moenjodaro. Los chinos fueron unos cracks a la hora
de comerciar con lugares lejanos y crearon la ruta de la seda que conectaba
a China con el mar Mediterráneo llevando con ellos seda, ya veis que no
se comieron mucho la cabeza con el nombre, especias y piedras preciosas
principalmente la ruta del incienso conectó Arabia y el cuerno de África
con el Mediterráneo dando a conocer el incienso, la mirra y un montón de
especias. Y por último no os quiero hablar de unos tíos que también eran
unos cracks que le venderían un peine a un calvo.
Hablamos de los fenicios. Estos tíos navegaban que te mueres y llevaron su
madera de cedro, la púrpura de tiro y el vidrio a todos los confines del
Mediterráneo. De hecho incluso fundaron colonias por ahí como por ejemplo Cádiz
en la actual España. Pero no, esto del trueque no era suficiente y es que este
tenía muchas limitaciones. ¿Qué pasa si yo necesito carne pero los que la tienen
no necesitan nada de lo que yo tengo? Además comerciar entre pueblos era muy
complicado ya que transportar vacas o muchos kilos de alimentos no era lo más
eficiente del mundo. Se necesitaba algo que representase el valor de los bienes
y los servicios o dicho de otra manera ya iba siendo hora de inventar el
dinero. Bueno, primero se inventó la escritura y pasamos de la prehistoria a
la historia, concretamente a la edad antigua. La cosa no salió muy bien a la
primera. Al principio se utilizaban conchas como dinero en lugares como
África o algunas islas del Pacífico pero ¿qué clase de reserva de valor era esa?
Cualquiera podía ir a la playa y encontrar más así que se empezaron a
utilizar metales preciosos como el oro en forma de lingotes. Pero aquello era
demasiado pesado, se necesitaba algo más manejable. Que se sepa los más
espabilados que se dieron cuenta de que lo que hacía falta era inventar las
monedas fueron los Libios, una civilización de Asia Menor que
introdujeron las primeras monedas alrededor del siglo 7 antes de Cristo.
Esto de las monedas era un invento de la leche. Ahora todo el mundo podía
comerciar independientemente de si el otro necesitaba unos bienes u otros.
Transportar la riqueza era sencillo, poner los precios a las cosas también y
además almacenar el valor se volvió mucho más fácil y sobre todo seguro.
Pero es que aún hay más. Las monedas no se deterioraban con el tiempo, bastaba con
no perderlas y éstas se podían dividir en unidades más pequeñas. Lo tenían
todo para triunfar así que comenzaron a aceptarse de forma general y así amigos
es como el dinero moderno acababa de inventarse. Romanos y griegos se sumaron
rápidamente a este nuevo invento y las monedas comenzaron a llegar a los
diversos confines del mundo. Pero antes de ir a eso también tenemos que hablar
de otras invenciones del mundo antiguo. Incluso antes de las monedas, cuando aún
se utilizaban los lingotes como dinero, en Mesopotamia los templos y palacios
almacenaban bienes e incluso ofrecían préstamos. Vaya, parece que habían nacido
los bancos. Mientras en Egipto los faraones comenzaron a cobrar a los
agricultores por el mero hecho de habitar sus tierras y de hecho utilizaban
los jeroglíficos para llevar las cuentas de los tributos y para anotar
las transacciones. Algo que también se hacía en Mesopotamia con su propia
escritura. De hecho el código de Ur-Namo que data del 2100 antes de Cristo
establece las reglas de los tributos. Vamos, que los impuestos y la burocracia
son también inventos de esta época. Venga, volvamos a donde lo habíamos dejado. Con
el ascenso de las ciudades de estado griegas como grandes potencias el dinero
se popularizó aún más. El dracma ateniense era aceptado en un montón de
lugares y algunos pensadores comenzaron ya a teorizar sobre la economía. Uno de
ellos fue Aristóteles que defendía la propiedad privada como fuente de paz
social por encima de la propiedad comunal y quien veía con cierta
desconfianza eso de adquirir más y más bienes por el mero hecho de acumular.
De hecho Aristóteles criticaba el tema de prestar dinero y cobrar intereses.
Le parecía que eso era usura y que estaba fatal.
Claramente no sabía lo que se venía. Aristóteles tenía varias ideas
Creía que el estado, es decir las polis, tenían un papel importantísimo en la
economía asegurando que las necesidades básicas de los ciudadanos estuvieran
cubiertas y que las prácticas económicas fueran justas y morales.
Argumentaba que el estado debía regular la economía para asegurar la justicia
distributiva y corregir las desigualdades extremas.
No obstante los que llevaron la economía a otro nivel fueron los romanos. En Roma
sabían que el comercio podía ser aún más práctico que las lanzas y las
espadas a la hora de construir un gran imperio. Aunque bueno, a esto tampoco es
que renunciasen. Pero sí hicieron todo lo posible por fomentar el comercio.
Para ello unificaron las monedas, siendo el denario de plata y el sestercio de
bronce las predominantes. Crearon bancos especializados, pusieron a una gran
cantidad de esclavos al servicio del imperio y crearon algo muy importante
que hasta entonces no estaba muy desarrollado, la seguridad jurídica.
¿Y qué es y por qué es tan importante la seguridad jurídica?
Imagina que mañana quieres montar un negocio. ¿Preferirías hacerlo en un país
desarrollado, con leyes y normas que den seguridad a tu inversión? ¿O preferirías
hacerlo en un país en el que en cualquier momento el estado te lo puede
quitar todo o no sepas bien cuántos impuestos te van a cobrar?
Obviamente elegirás aquel lugar que te dé más garantías, es decir, aquel que te
dé una mayor seguridad jurídica. Pues esto es lo que hicieron los romanos,
poner a su famosísimo derecho romano al servicio de la economía, creando leyes
comerciales, contratos y derechos de propiedad.
Además los romanos crearon una inmensa red de carreteras y puertos que
facilitaron el comercio a larga distancia, desde Gran Bretaña hasta
Egipto. Los bienes circulaban con facilidad por todo el imperio. Pero
amigos y amigas, no todo es eterno. Siglos y siglos de existencia, las guerras sin
fin y los distintos gobiernos débiles y corruptos acabaron por debilitar al
imperio romano. Tanto que Roma y su imperio occidental cayó en el año 476.
La Edad Antigua terminaba y comenzaba la Edad Media.
Por cierto, la inflación tuvo mucho que ver en la caída del imperio romano y es
que si bien éste no podía imprimir más dinero, como se hace ahora, sí llevó a
cabo un truco para pagar sus deudas y costear sus guerras que a la postre fue
fatídico. Hablamos de la devaluación de la
moneda por parte del gobierno romano. ¿Y cómo? Pues reduciendo el contenido de
plata en las monedas a las que le añadían metales baratos. Esta devaluación
sistemática llevó a una pérdida de confianza en la moneda romana, lo que
aumentó aún más la inflación, ya que la gente comenzaba a exigir más monedas por
los mismos bienes, aumentando así los precios. Este es un problema que, como
iremos viendo, se repetirá a lo largo de la historia muchas veces. Y dicho esto,
vamos con la Edad Media. Pero no nos vamos de Europa. La desintegración del
Imperio Romano dio lugar a un montón de reinos en los que los nobles, que
dominaban sus territorios, eran los que partían el bacalao. El funcionamiento es
sencillo de explicar. Los nobles eran los propietarios de las tierras y éstos
ofrecían protección y dejaban a los campesinos vivir en sus tierras y
trabajarlas a cambio de lealtad y de luchar para ellos cuando la situación lo
requiriese. Bueno, y los vasallos también solían tener que hacer algún pago en
El problema es que la mayoría de esta economía era de subsistencia. La
productividad de los campesinos no era muy alta y lo que producían apenas
llegaba para comer ellos mismos. Vamos, que había poco excedente con el que
poder comerciar. Ah, y para colmo teníamos a la iglesia cobrando el diezmo a los
campesinos, que no era otra cosa que el pago del 10% de los ingresos de los
campesinos a la iglesia, aunque al menos les dejaban pagarlos con productos
agrícolas. Espera, ¿sólo un 10%? ¿Quién lo pillara a día de hoy, no? Bueno, mientras en
las ciudades los artesanos y trabajadores se organizaban en gremios
los cuales no querían ni oír hablar de competencia. Por ejemplo, el gremio de los
zapateros controlaba cómo se tenían que hacer los zapatos, qué materiales
utilizar e incluso qué precios poner. De hecho, era el propio gremio el que se
encargaba de la formación de nuevos profesionales cuando éstos hacían falta.
Como os imaginaréis, este sistema no era el mejor sistema económico del mundo.
La productividad era bajísima, si había malas cosechas, había hambrunas, y todo
mientras las constantes guerras y los excesos de la nobleza y la realeza
empeoraban aún más la situación. Sin embargo, al fondo de este túnel pronto
se empezó a ver la luz. Una vez las invasiones vikingas y serracenas dejaron
de ser un problema para Europa, y gracias a que la iglesia trataba de mediar en los
conflictos entre los reinos cristianos, el viejo continente dejó de ser un sitio
tan peligroso para comerciar. Pero lo realmente importante es que por fin se
pusieron las pilas con la agricultura y se descubrieron nuevas técnicas como la
rotación de cultivos o la invención del arado de vertedera. Gracias a esto de
nuevo el campo volvió a producir mucho más y por fin volvía a haber excedentes
con los que comerciar. Gracias a esto el comercio volvió a renacer y fueron
muchos los que se fueron del campo a las ciudades. Allí los mercados y las
ferias medievales se convirtieron en los auténticos motores económicos en los
que un simple campesino, si jugaba bien sus cartas, podía progresar y tener un
buen porvenir. Todo este comercio floreció en dos lugares principales. Por
un lado estaba la línea ansiática, que era una alianza comercial formada en el
siglo XIV por comerciantes alemanes, holandeses, suecos y polacos, entre otros,
los cuales controlaban el mar del norte y el mar báltico. Y por otro lado
tenemos las rutas comerciales italianas controladas por ciudades-estado como
Venecia o Génova. Pronto el comercio se comenzó a volver cada vez más complejo
y algunos comerciantes empezaron a manejar mucho dinero. De hecho esta gente
ya no tenía mucho que ver con los campesinos que pasaban todo tipo de
penurias. Esta gente empezaba a ser ya otra clase social y como vivían las
ciudades, es decir, en los burgos, se les comenzó a llamar burgueses. Pero bueno, ya
iremos luego con ellos. El tema es que el comercio cada vez era más complejo y
que la gestión del dinero requería ya de nuevas herramientas. Así que pronto
comenzaron a surgir los primeros bancos regentados por familias poderosas, como
por ejemplo los Medici, y también en esta época se hicieron famosas las familias
judías de banqueros. Y es que su religión no ponía problemas con la usura, como si
lo hacía el cristianismo. Bueno, que me lío. Estos bancos inventaron sistemas de
créditos más complejos para financiar ciertas compras comerciales. Y ahora es
posible que te estés preguntando ¿y cómo se hacían estas transferencias? Pues con
un nuevo invento, las letras de cambio. Con ellas se podían realizar transacciones
sin necesidad de transportar grandes cantidades de efectivo, reduciendo el
riesgo de robo. Ahora el comerciante de Venecia tenía mucho más fácil el
comerciar con uno de Valencia. Este renacer económico siguió dando
importancia a las ciudades y creó una necesidad. A ver, la tecnología estaba
empezando a ser muy compleja. Se necesitaba profesionalizar el
almacenamiento y la transmisión de todo ese conocimiento. ¿Y qué se hizo? ¡Boom!
Crear las primeras universidades, como la de Oxford o la de Bolonia. Por fin los
burgueses tenían donde ir a jugar al mus. Además en el 1440 un alemán llamado
Johannes Gutenberg inventó la imprenta. Ahora sí que el conocimiento se iba a
poder transmitir a toda leche. Por cierto, ¿os acordáis cuando os dije que la
inflación ha provocado problemas durante toda la historia? Pues la transmisión de
conocimiento es igual, pero al revés. Siempre que un reino, imperio,
civilización o país ha conseguido adquirir mucho conocimiento le ha ido
muy bien y ésta no iba a ser la excepción. Gracias al auge de las
universidades la productividad agraria mejoró, pero esta vez el protagonismo se
lo va a llevar el mar. Nuestros amigos de la edad media comenzaron a hacer más
y mejores barcos. Avances como el timón de popa, el casco redondeado, las velas
latinas o los barcos de fondo plano fueron claves no sólo para llegar más
lejos y comerciar con civilizaciones muy lejanas, sino también para poder
transportar una mayor cantidad de mercancía y hacer así los viajes más
rentables. Además a la mejora de los barcos se
incorporaron otros avances como la brújula, el astrolabio o el cuadrante, que
se usaba para medir la latitud. Pues bien, si metemos todo esto en una
coctelera ¿qué nos sale? Unas potencias marítimas brutales. Una de ellas fue
Portugal, cuyos valientes exploradores como Bartolomé Udías o Vasco da Gama
exploraron la costa de África, establecieron rutas hacia la India y el
Lejano Oriente y comenzaron el comercio de especias. Estas exploraciones no sólo
incrementaron la riqueza y el poder de Portugal, sino que también transformaron
las economías europeas al reducir la dependencia de las rutas terrestres
controladas por intermediarios árabes y otomanos. Pero amigos, la Edad Media se
acababa y llegaba la Edad Moderna con un auténtico bombazo. De la mano de
Cristóbal Colón, los castellanos llegaron, sin saberlo, a América en el año 1492 y
allí se encontraron con un nuevo mundo. Un nuevo mundo que todavía se amplió
más cuando otros exploradores descubrieron toda América y cuando Juan
Sebastián el Cano dio la primera vuelta al mundo. El Imperio Español, el
primer imperio global de la historia con presencia en todos los continentes,
acababa de nacer montado en carabelas y galeones. Las nuevas rutas permitieron el
comercio directo de especias, sedas y otras mercancías de lujo de Asia, así
como la explotación de minas de oro y plata en las Américas. Y aquí es donde
comienza una meteórica carrera entre todas las potencias europeas de la época
para hacerse con la mayor cantidad de territorios posibles en América, Asia y
África. El objetivo, explotar los recursos naturales de estos territorios
utilizando mano de obra indígena o utilizando esclavos traídos de África.
Hasta entonces el Mediterráneo era el centro del comercio mundial pero a
partir de ahora este centro se trasladó al Atlántico. Los europeos encontraron en
América civilizaciones mucho menos avanzadas pero encontraron nuevas plantas
que cultivar y animales que no conocía. Pronto el conocimiento también comenzó
a fluir hacia América, especialmente hacia los hijos de los europeos que se
habían asentado allí. Ah bueno, también se intercambiaron una buena cantidad de
enfermedades para las que no se tenían defensas, cosas de llevar miles de años
separados. En esta época las ciudades siguieron ganando importancia, la vieja
nobleza comenzó a perder poder y los reyes se hicieron muy poderosos y
crearon los primeros estados-nación, mucho más centralizados. De hecho fue a
partir del siglo XVI cuando la economía de los estados se profesionalizó y se
diseñaron sistemas fiscales y administrativos mucho más eficientes.
Quien también lo hizo bastante bien en esta época fue la burguesía que cada
vez tenía más peso político y sobre todo económico. En el siglo XVII ya
existían varios imperios coloniales como por ejemplo el imperio portugués, el
imperio español, el imperio británico, el imperio francés o el imperio
neerlandés. Como imaginaréis ahora sí que el mundo se había vuelto súper
complejo. La cosa ya no iba de pequeños comerciantes comerciando cada uno por su
cuenta. Ahora la cosa se había puesto más seria, les tocaba jugar a los mayores. Y
es que en el siglo XVII surgieron las grandes compañías privadas que en
muchas ocasiones tenían el monopolio comercial con un territorio concreto.
Hablamos de empresas gigantescas con decenas de miles de trabajadores que
tenían incluso su propio ejército y que a menudo eran las tristes protagonistas
de historias de matanzas y esclavismo. La mayor de estas empresas fue la compañía
neerlandesa de las indias orientales, la cual para financiar sus costosos viajes
y operaciones decidió vender partes de su propia empresa al público en forma
de acciones. Cada una de estas acciones representaban una pequeña propiedad en
la empresa. Y sí, estas acciones las podía comprar cualquier habitante de Países
Bajos en un lugar determinado. ¿Cuál? La bolsa de Ámsterdam. Desde allí los
inversores podían comprar y vender sus acciones de manera organizada y
transparente, facilitando la inversión y la obtención de capital para la compañía
neerlandesa de las indias orientales. Y no, esto no es ninguna tontería. La bolsa
de valores acababa de nacer. Hay veces en la historia en las que un
pequeño avance tecnológico en el lugar adecuado da lugar a una auténtica
revolución. Pasó con la agricultura, con la escritura, con el dinero, con los
grandes barcos, con la imprenta... pero todo eso se iba a quedar en nada si lo
comparamos con la que se venía encima. Hablamos de un invento que lo iba a
cambiar todo para siempre. La máquina de vapor patentada por James Watt. Un invento
que surgió en el mejor sitio que podía surgir, en Gran Bretaña. Un lugar con
grandes reservas de carbón y con una red de ríos y canales que permitían su
transporte con una gran facilidad. La introducción de la máquina de vapor y
también del telar mecánico aumentaron la producción y eficiencia en diversas
industrias como la textil o la metalúrgica y los dueños de las
empresas estaban forrándose. Ya que no sabes quiénes eran los dueños de la
mayoría de las empresas. La burguesía. ¿Os acordáis de la burguesía? Sí, esa clase
social que estaba formada por aquellos a los que le fue bien con sus negocios en
las ciudades. Pues esta gente cada vez quería tener más peso en la economía
de los países y muchos de ellos comenzaron a querer también tener más
poder político. De esta manera la burguesía estadounidense se levantó
contra la corona británica. La francesa cortó la cabeza al rey y proclamó la
y en latinoamérica los descendientes de los españoles encabezaron las
revoluciones por la independencia. Aunque a decir verdad muchos de estos
liberales revolucionarios acabaron asumiendo e imitando las antiguas
costumbres de la nobleza. ¿Quién lo iba a decir? Bueno, sigamos. Antes de meternos de
lleno con la revolución industrial tenemos que hablar de un escocés que
tuvo unas ideas rompedoras. Hablamos de Adam Smith, considerado por
muchos el padre del capitalismo, el liberalismo y la economía moderna. Smith
decía que los mercados debían ser libres y que la propia voluntad de los
individuos de perseguir sus intereses sería la mano invisible que regularía
el mercado, ya que había analizado cuidadosamente cómo los precios
cambiaban en función de los cambios en la oferta y la demanda. Smith abogaba por
la mínima intervención del gobierno en la economía, limitándola a funciones
esenciales como la defensa nacional, la administración de justicia y la
provisión de ciertos bienes públicos que el mercado no podía proporcionar de
manera eficiente. También era un firme defensor de la libre competencia y
criticaba las políticas proteccionistas, es decir, los aranceles. Según Smith esta
era la mejor manera de conseguir un crecimiento económico fuerte y
sostenido. ¿Y por qué os cuento todo esto? Porque muchísimos economistas basaron sus
teorías y estudios en las ideas de Adam Smith. Uno de ellos fue David Ricardo,
quien fue más allá que el propio Adam Smith e introdujo un concepto clave, la
ventaja comparativa. Para David Ricardo los países tenían que especializarse en
lo que mejor saben hacer y comprarle el resto de bienes y servicios a otros
países que sean especialistas en ellos. ¿Pero qué pasaba si un país era mejor
que el resto produciendo todos los bienes y servicios? Pues según David
Ricardo, aún así cada país debería especializarse en producir los bienes en
los que tiene un menor coste de oportunidad, es decir, aquellos que puede
producir relativamente más eficiente en comparación con otros bienes. Al
hacerlo y luego comerciar con esos bienes, ambos pueden obtener más de lo
que podrían producir por sí mismos. Sé que esto es un poco lioso, pero no me
quiero detener mucho más, así que quedaros con que el comercio siempre va
a beneficiar a los países, aunque uno sea mejor que otro produciendo todo tipo de
bienes y servicios. Pero venga, volvamos a la economía real. La revolución
industrial comenzó en Gran Bretaña a mediados del siglo XVIII y se extendió
a lo largo del siglo XIX por toda Europa y Estados Unidos. La revolución
industrial es el verdadero punto de inflexión en la humanidad.
Gracias a ella, el PIB mundial, la esperanza de vida, el progreso científico
y casi cualquier indicador económico que os podáis imaginar se disparó. Países
como Alemania, Bélgica, Francia o Estados Unidos se unieron a Reino Unido como
grandes potencias industrializadas. Se mejoró la industria química, se mejoraron
las técnicas de producción de hierro y acero, se inventó el telégrafo, hasta las
técnicas agrícolas sufrieron una revolución. Casi cualquier sector que os
podáis imaginar avanzó a una velocidad nunca vista hasta entonces. La máquina de
vapor también permitió crear mejores transportes. Las locomotoras de vapor
permitieron mover grandes volúmenes de mercancías y personas a velocidades
antes inimaginables, conectando mercados y facilitando el comercio a escala
nacional e internacional. Los barcos de vapor que comenzaron a cruzar los
océanos ampliaron las rutas comerciales y acortaron significativamente los
tiempos de viaje a la vez, que podían llevar una carga muchísimo mayor. De repente
era rentable traer ingentes cantidades de materias primas como hierro o carbón
de todos los confines del mundo. Esto provocó que las grandes potencias
iniciaran una carrera colonial para hacerse con la mayor cantidad de
territorios posibles y poder así expolear los recursos naturales de
África, Asia y Oceanía. Llevo diciendo durante todo el vídeo que poco a poco
los campesinos se iban trasladando a las ciudades en busca de un porvenir, pero
esta vez la cosa se fue de las manos. En todos los países industrializados, olas
y olas de campesinos abandonaron el campo y buscaron trabajo en las nuevas
fábricas. Y así es como poco a poco surgió una nueva clase social, la clase
obrera. Esta clase obrera estuvo muy fastidiada durante el siglo XIX y
también durante los principios del XX. Las condiciones en las minas y en las
fábricas eran durísimas. Los sueldos eran tan bajos que hasta las mujeres y
los niños se tuvieron que incorporar al trabajo en la industria. Las condiciones
de trabajo eran horribles y las jornadas eternas.
Hablamos de jornadas de entre 12 y 16 horas al día, seis días a la semana.
Por supuesto ni hablar de vacaciones, los entornos laborales eran insalubres y a
todo esto hay que añadirle que muchos obreros y mineros morían en su puesto de
trabajo por culpa de la falta de medidas de seguridad. Aunque la peor parte se la
llevaban los niños, ya que muchos morían de agotamiento o en accidentes por ser
utilizados para meterse en sitios muy pequeños o debajo de máquinas. El de las
minas era un trabajo especialmente duro. Los mineros trabajaban en túneles
oscuros y estrechos con un alto riesgo de derrumbes y explosiones debido a la
acumulación de gases inflamables. La falta de una ventilación adecuada
significaba que los mineros tenían que respirar un aire lleno de polvo de
carbón, lo que les causaba enfermedades crónicas. Y a estas condiciones ideales
de trabajo le tenemos que sumar también las inundaciones y las temperaturas
extremas. Un chollo vamos. Esta situación provocó que hubiese gente que le diera
más al tarro y se comenzara a plantear un cambio de sistema económico. Dos de
estos señores fueron Karl Marx y Friedrich Engels. Estos tíos lo pondrían todo
patas arriba escribiendo el manifiesto comunista. En él Marx y Engels analizan
la historia de la sociedad como una constante lucha de clases. Mirando hacia
atrás entienden que todas las civilizaciones han sido divididas en
clases dominantes y oprimidas y que el conflicto entre estas clases es la
fuerza que mueve la historia. En la sociedad capitalista identifican dos
clases principales, la burguesía que posee los medios de producción, es decir
las fábricas, las tierras y el capital, y por otro lado está el proletariado que
no tiene más que su fuerza de trabajo para vender. Marx y Engels sostienen que
el capitalismo, a pesar de sus avances en la productividad y la tecnología, es
explotador por naturaleza y que la burguesía extrae la plusvalía del
trabajo del proletariado. Es decir, la diferencia entre el valor producido por
los trabajadores y el salario que reciben, esta explotación conduce a la
acumulación de riqueza en manos de unos pocos y a la pobreza relativa y
absoluta de muchos. Por ello, Marx y Engels proponían una sociedad sin clases
sociales y sin propiedad privada, donde los recursos y los medios de producción
fueran gestionados de manera colectiva para el beneficio de todos.
Sin embargo, para llegar a este mundo de piruleta, Marx y Engels concluyeron que
tenía que haber un período de transición en el que los trabajadores
tomaran el control del estado y usarán su poder para abolir las estructuras
capitalistas y así construir una nueva sociedad socialista a través de la
llamada dictadura del proletariado. ¿Y cómo se llegaba a esta dictadura del
proletariado? Pues obviamente los burgueses no iban a renunciar a su
poder así como así. Hacía falta una revolución violenta por parte de la
clase obrera. Otro que también le dio muchas vueltas a todo esto fue
Mikhail Bakunin, el padre del anarquismo. Bakunin no se andaba con tonterías.
Él defendía la destrucción del estado y de toda autoridad coercitiva para
alcanzar un mundo en el que el individuo fuese totalmente libre. En la teoría de
Bakunin, el estado era visto como el mayor enemigo de la libertad humana.
Él creía que cualquier forma de gobierno, incluso la más democrática, inevitablemente
conduciría a la opresión y la explotación. El poder corrompe y por
tanto cualquier estructura de poder debería ser desmantelada para permitir
una verdadera emancipación de la humanidad. Y también estaba en contra de
cualquier religión y abogaba por una visión del mundo basada en la razón y
la ciencia. Para Bakunin, la organización de la sociedad debía basarse en
asociaciones libres y voluntarias de individuos y comunidades. Y por supuesto
todas las decisiones se deberían tomar por consenso en asambleas populares.
Bakunin también creía en la revolución como herramienta para conseguir este
cambio. Y así es como poco a poco, por culpa de las pésimas condiciones de
vida y por culpa del surgimiento de estas nuevas ideas, esta conciencia de
clase fue permeando en el proletariado, que empezó a organizarse en sindicatos
que utilizaban las huelgas como principal arma para conseguir derechos
laborales, aumentar los salarios y mejorar sus condiciones de trabajo. Para
preparar el terreno a la revolución, comunistas de varios países formaron la
primera internacional. Por aquella época también surgió un movimiento ludista
que atentaba contra las máquinas por considerar que éstas quitaban el trabajo
a la clase obrera. Y así es como entre huelgas, intentos de revoluciones,
colonialismo e incontables avances tecnológicos y científicos llegamos a la
Primera Guerra Mundial, la primera gran guerra industrial de la historia, en la
que murieron millones y millones de soldados. Y sí, la Primera Guerra Mundial
es vital para entender cómo se desarrolló la economía en la primera
mitad del siglo XX, pero antes de ver las consecuencias de la guerra tenemos que
ver un evento que ocurrió durante la guerra.
Hablamos de la Revolución Rusa. Para contar esta historia nos tenemos que ir
donde Lenin lideró a los bolcheviques para tomar el poder en Rusia acabando
con el imperio ruso zarista y ganando una guerra civil que conduciría a la
Fundación de la Unión Soviética. Por primera vez la dictadura del
proletariado se iba a poner en marcha y la verdad que al principio la cosa no
fue mal. Lenin murió al poco de tomar el poder y
Stalin se hizo con los mandos del país industrializándolo en tiempo récord. Con
Stalin la Unión Soviética se convirtió en la segunda potencia mundial. Eso sí,
entre unas cosas y otras, millones de soviéticos murieron de hambre,
especialmente en Ucrania, y muchos otros murieron en las grandes purgas de
Stalin. La guerra había causado una destrucción masiva de infraestructuras,
un gasto militar sin precedentes y un endeudamiento enorme de las principales
potencias europeas. La economía mundial quedó hecha unos zorros y muchos países
se enfrentaron a procesos de imperifración y desempleo masivo en los
años posteriores al conflicto. Sin embargo, una gran crisis llegó en el
lugar más insospechado, Estados Unidos. Allí una burbuja bursátil provocó el
crack del 29 que fue seguido de la Gran Depresión, una crisis que enseguida se
extendió por todo el mundo y para la que un economista llamado John Maynard
Keynes tenía una receta. Keynes observó que durante la Gran Depresión las
economías no se recuperaban por sí mismas a pesar de la caída de los
salarios y los precios. De hecho, en lugar de mejorar, la situación económica
empeoraba y el paro no bajaba. Contrariamente a la teoría clásica que
sostenía que los mercados se equilibran automáticamente, Keynes argumentó que
los mercados pueden quedarse atrapados en un estado de baja demanda y alto
desempleo y que entonces era el Estado el que debía intervenir. Para Keynes la
demanda de una economía estaba compuesta por el consumo, la inversión y el gasto
público y puesto que en una crisis el consumo y la inversión están en un
punto muerto, es el Estado quien debe intervenir aumentando el gasto público o
reduciendo los impuestos para que de nuevo la demanda aumente y la economía
eche a entrar. Keynes también introdujo el concepto del multiplicador que
describe cómo un cambio en el gasto público puede tener un efecto mayor en
el ingreso total de una economía. Pongamos un ejemplo, imagina que el
gobierno invierte un millón de dólares en construir una carretera. Los
trabajadores y empresas que reciben este dinero gastan una parte en la economía
local, por ejemplo, en tiendas y restaurantes. Supongamos que gastan el
Esto significa que 800 mil dólares se gastan de nuevo en la economía. Este
gasto genera más ingresos para otros que también gastan el 80% y así
sucesivamente. En este ejemplo el millón de dólares gastado por el gobierno
generaría una actividad de cinco millones y así es como el gobierno de
Estados Unidos comenzó a gastar y gastar con sus políticas del New Deal
que si bien no salieron del todo bien, sí sirvieron para dar un respiro a la
economía estadounidense. Mientras el tratado de Versalles que las potencias
occidentales impusieron a Alemania por perder la Primera Guerra Mundial
obligaba a los germanos a pagar grandes reparaciones de guerra a sus antiguos
contrincantes y entre esto y la Gran Depresión, Alemania vivió unos años
horribles con una crisis brutal y una gran hiperinflación. Esta inestabilidad
económica provocó una inestabilidad política que desembocaría en la llegada
al poder de Adolf Hitler. Aunque no fue el único, ya que otros
personajes como Benito Mussolini en Italia también consiguieron el poder.
Hitler y su gobierno también dieron con una tecla para reavivar su economía.
Lo que hicieron fue privatizar empresas, anexionarse territorios, robar un montón
de patrimonio y pedir toneladas de dinero prestado para gastárselo en
infraestructuras y en preparar a sus fuerzas armadas para la guerra.
De esta manera Alemania redujo el desempleo y su industria se puso otra
vez en marcha.
Eso sí, durante esos años el gobierno alemán creó una falsa sensación de que
todo iba como la seda, gastándose también parte de ese dinero que le había
caído del cielo en programas sociales y tener engrasada no sólo la industria
militar sino también la industria de bienes de consumo.
Finalmente en el 1939 estalló la Segunda Guerra Mundial de la que Estados
Unidos y la Unión Soviética salieron reforzados. Estados Unidos representaba
el sistema capitalista y la Unión Soviética lideraba a los países
comunistas.
Los dos sistemas estaban condenados a no entenderse y surgió la Guerra Fría en
la que el fantasma de una guerra nuclear planeó constantemente sobre el
mundo. Pronto y aprovechando la descolonización de Asia y África tanto
Estados Unidos como la Unión Soviética corrieron a tratar de atraer a su esfera
de influencia a la mayor cantidad de países posible. Y en aquellos países
como China, Vietnam o Corea, donde no estaba la cosa muy clara, hubo guerras
muy sangrientas por el poder. En Europa los partidos comunistas se estaban
haciendo fuertes así que los gobiernos occidentales ofrecieron a la población
una especie de contrato social en el que los estados desarrollaron servicios
públicos de calidad y comenzaron a distribuir mejor la riqueza creando el
llamado Estado del Bienestar. Tras la Segunda Guerra Mundial Estados Unidos
se había convertido en la indiscutible potencia mundial. Sus empresas crecieron
y la clase media comenzó a ser cada vez más numerosa y con un mayor poder
adquisitivo. El dólar emergió como la moneda de referencia para el comercio
internacional y esto es importante ya que la globalización cada vez hacía que
el comercio internacional fuese más importante. ¿Y cómo se convirtió el dólar en
la moneda referencial? Muy sencillo. Tras la Segunda Guerra Mundial era necesario
reconstruir Europa y Japón que estaban devastados por la guerra y para ello se
necesitaba mucho dinero. Hasta entonces todas las monedas del mundo estaban
respaldadas por oro. Vamos, que podías ir a cualquier banco central y convertir
tus billetes y monedas en oro. El caso es que se necesitaba una mayor
flexibilidad que permitiese a los distintos países poder crear dinero de
la nada en momentos de necesidad y para eso un porrón de países firmaron los
acuerdos de Bretton Woods. Estos acuerdos establecieron que las monedas de los
países participantes estarían vinculadas al dólar estadounidense y el dólar a su
vez estaría respaldado por el oro. A medida que Europa y Japón se
reconstruían el sistema de Bretton Woods facilitó el crecimiento económico y la
estabilidad financiera sin embargo a finales de los años 60 surgieron
problemas. Estados Unidos comenzó a gastar más dinero del que tenía debido a
los gastos de la guerra de Vietnam y los programas sociales de los que os
había hablado antes. Al mismo tiempo la cantidad de dólares en circulación
superó las reservas de oro de Estados Unidos lo que generó dudas sobre la
capacidad del país para mantener la convertibilidad del dólar en oro. En 1971
el presidente Richard Nixon anunció el fin de la convertibilidad del dólar en
oro una medida que se conoció como el Nixon Shock. Este evento marcó el final
del sistema de Bretton Woods y el inicio de una era de tipos de cambio
flotantes. En este sistema las monedas ya no estarían vinculadas al dólar y
tampoco eran convertibles en oro por lo que su valor comenzó a fluctuar según
las fuerzas de la oferta y la demanda. Esta nueva flexibilidad permitió a los
países ajustar sus políticas monetarias de acuerdo con sus necesidades internas
pero también introdujo un nuevo nivel de incertidumbre en los mercados
financieros internacionales. Las monedas ya no estaban respaldadas por oro ni por
la economía estadounidense. A partir de ahora lo único que respaldaría las
monedas de los países sería la confianza en su economía y en sus instituciones y
dicho esto volvamos a los años. En Europa la cosa también iba muy bien y para
evitar errores del pasado y volver a caer en nuevas guerras como llevaba
ocurriendo desde hacía milenios varios países decidieron unirse y crear una
organización que se acabó convirtiendo en la Comunidad Económica Europea
primero y la Unión Europea después. Este es el proyecto de unión económica más
exitoso de la historia y es que gracias a los lazos comerciales que surgieron
entre todos los países miembros los países de la Unión Europea han vivido
su mayor periodo de paz ininterrumpido de la historia. Otros países también
comenzaron a firmar tratados de libre comercio surgiendo un montón de
entidades supranacionales. Volviendo al teatro mundial en los 70 una gran crisis
provocada por la subida de los precios del petróleo por parte de la OPEP, un
cártel formado por varios países productores, creó otra crisis mundial.
Por cierto esto no os lo había dicho pero la invención del motor de
combustión hizo que el petróleo sustituyese al carbón como fuente de
energía principal para la mayoría de los transportes.
No obstante por mucha crisis del petróleo que hubiese el ascenso de
Estados Unidos era imparable y pronto el país recuperó su crecimiento.
Sin embargo en los 80 una nueva corriente ideológica se abrió camino en
algunos países, hablamos del neoliberalismo. ¿Y de qué va esto?
Es bastante sencillo. Algunos economistas y pensadores de la escuela
austriaca como Friedrich Hayek o economistas de la escuela de Chicago
como Milton Friedman vieron que la economía estaba muy intervenida por el
estado así que comenzaron a hablar de desregulación, de privatizaciones de
empresas públicas y de la reducción del gasto público. Vamos que esta gente
venía a decir que cuanto menos interviniese el gobierno en la economía
mejor. A partir de la década de 1980 el neoliberalismo se convirtió en la
corriente dominante en la política económica global. Este nuevo enfoque fue
promovido por líderes como Ronald Reagan en Estados Unidos o Margaret Thatcher en
el Reino Unido. A quien la cosa no le iba tan bien era la Unión Soviética y es que
la dictadura del proletariado y la total planificación de la economía por parte
del gobierno soviético no estaba dando muy buenos resultados. La falta de
competencia provocó que las empresas que recordemos eran del estado no tuviesen
grandes incentivos para innovar y la burocracia estatal que trajo consigo un
montón de corrupción provocó que todo el sistema fuese tremendamente
ineficiente. Este estancamiento acabó por derrumbar a la Unión Soviética que
colapsó en el año 1991. Estados Unidos se quedaba sola al mando de la economía
mundial aunque por poco tiempo. ¿Os habéis dado cuenta que casi no se ha
hablado de China? Se puede decir que el gigante asiático vivió su propia
historia económica con periodos de gran esplendor y periodos de largas crisis.
Sin embargo China perdió un tren al que llegó casi dos siglos más tarde. Os
hablo como no de la industrialización. Cuando el partido comunista chino llegó
al poder en el 1949 con Mao Zedong al frente, China estaba devastada por las
dos guerras que había vivido. La guerra contra Japón y la guerra civil entre
comunistas y nacionalistas. Por entonces la economía china era
completamente rural y Mao, pues bueno, no ayudó a mejorar las cosas. De hecho Mao
implementó una especie de comunismo agrario que fue un desastre. Con Mao al
frente de China el país sufrió una gran hambruna que mató a decenas de millones
de personas, siendo esta la mayor hambruna de todos los tiempos. Sin embargo
Mao murió y tras una transición un hombre clave llegó al poder en China.
Hablamos de Deng Xiaoping, un tío que fue un verdadero crack que inició la
apertura de China al exterior e implementó algunas políticas de mercado.
¿Y qué hizo exactamente? Pues para empezar devolvió el control de la
producción agrícola a las familias en lugar de las comunas que eran un
desastre planificando, pero sobre todo creó las llamadas zonas económicas
especiales en áreas como Shenzhen, Zhuhai y Xiamen. En ellas se permitía la
inversión extranjera, se ofrecían incentivos fiscales y se promovía un
entorno más orientado al mercado. Estas zonas se convirtieron en motores de
crecimiento, atrayendo capital extranjero y fomentando la transferencia de
tecnología a China que por fin se empezó a industrializar. Y es que los
transportes seguían mejorando y cada vez era más barato traer mercancía de
países lejanos a Occidente y si sumamos eso a que la mano de obra en China era
tremendamente barata, pues el negocio estaba hecho. Muchas empresas de todo el
mundo dejaron de producir en Japón, Italia o Estados Unidos para irse a
producir a China. Lo bueno que hizo el gobierno chino es que toda empresa
occidental que quisiese producir en China lo tenía que hacer de la mano de
una empresa local. Gracias a eso muchas empresas chinas
adquirieron un conocimiento brutal que poco a poco fueron aprovechando cada vez
más, convirtiendo a China en una potencia económica que de momento no tiene techo.
Una crisis en 2008 provocada por una burbuja inmobiliaria en Estados Unidos
se extendió por todo el planeta y volvió a poner a prueba el sistema
financiero mundial. Pero una vez más la humanidad se sobrepuso a esta nueva
crisis porque para entonces una nueva revolución estaba sacudiendo la economía.
Hablamos como no de la revolución digital que cambió la forma en la que se
producen y consumen bienes y servicios, dando lugar a una nueva economía y a una
nueva ola de eficiencia que aún no sabemos dónde nos va a llevar. Empresas
tecnológicas como Apple, Microsoft, Nvidia o Google se han convertido en
actores dominantes y la economía del conocimiento empezó a superar a las
economías basadas en la manufactura tradicional. Internet y la globalización
de la información transformaron no sólo los negocios sino también la vida
cotidiana de las personas en todo el mundo. Mientras el ser humano también
está lidiando con las consecuencias de su propio desarrollo y ha comenzado una
transición energética que promete acabar con las emisiones de gases nocivos a la
atmósfera y promete un futuro más sostenible. Mientras parece que la
humanidad pronto encontrará techo ya que otra transición, la demográfica, está
teniendo lugar tirando por los suelos las tasas de natalidad y envejeciendo a
la población. De hecho este es posiblemente el mayor reto que se van a
encontrar las economías desarrolladas en las próximas décadas pero bueno a las
puertas tenemos auténticas macro tendencias que sin duda transformarán el
mundo. Hablamos de revoluciones como la
robótica, la inteligencia artificial, la ingeniería genética, la realidad virtual o
la realidad aumentada. Los países lucharán por hacerse con el control de
distintos minerales estratégicos como el litio, el cobalto o las tierras raras
pero raudo y veloz sin encontrar de momento la receta contra la desigualdad
el ser humano también avanza en su camino hacia la inmortalidad aumentando
cada vez más la esperanza de vida. Yo sólo espero que en este camino tan
apasionante hacia el progreso seamos capaces de no acabar con nosotros mismos.
Y esto ha sido todo. Enhorabuena si has llegado hasta aquí y muchas gracias por
ver el vídeo. Nos vemos en próximas entregas. Un abrazo y hasta la próxima.
