Cómo Superar el Miedo a Salir en Cámara y Hablar en Público: Truco 1 de oratoria y salir en video

Sebastián Lora
4 seguidores
31 oct 2024
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¿Quieres superar el miedo a salir en cámara y hablar en público? Descubre en este vídeo el primero de 3 trucos mentales para salir en vídeo o subirte a un escenario y hablar con seguridad.
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Vídeo cortesía de Aula CM: https://aulacm.com/
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Si quieres triunfar hablando en público o poniéndote frente a una cámara, este video te interesa
porque en este te revelaré un truco mental que te ayudará a gestionar tu miedo a hablar en público,
tu miedo a exponerte frente a otras personas. ¡Nos vemos dentro!
¡Hola mi gente valiente! En abril de este año, mis amigos de Hablo ACM,
una escuela de marketing digital de Madrid, me invitaron a que hablara en su evento anual,
Pro Marketing Day, frente a 550 personas interesadísimas en aprender marketing digital.
Y me pidieron que hablase concretamente sobre miedo a exponerte a la hora de ponerte en vídeo,
a la hora de ponerte frente a una cámara.
Ya sea que quieras sacar un canal de Youtube, hacer webinars, crear infoproductos y cursos online con vídeo.
Y por lo tanto desarrollé una charla de media hora que hablaba sobre eso
y cómo gestionar estas sensaciones incómodas para poder hacerlo adecuadamente.
Pero es aplicable perfectamente también para hablar en público,
para, digamos, socializar con personas que no conocen, desde la perspectiva de desarrollar relaciones de negocio.
Y en esta charla hablo sobre tres trucos mentales que, si tienes en cuenta, cambia completamente la película
y te hacen pensar de una manera mucho más útil a la hora de, digamos, enfrentarte estas situaciones incómodas.
En el vídeo de hoy te revelaré el primer truco mental, la semana que viene te revelaré el segundo
y la semana de después te revelaré el tercero.
Y todo esto en conjunto hace la charla completa que dura aproximadamente 25 minutos.
Así que vamos allá con el primer truco mental.
El vídeo online te cambiará la vida.
Suena como a eslogan de anuncio de Coca-Cola, pero es real como la vida misma.
Y yo lo he experimentado en primera persona.
Porque en verano del año 2013, Eva, mi mujer, me dijo,
Sebastián, tienes que hacer vídeos.
Unos meses antes, le confesé que quería lanzar mi propio proyecto emprendedor
para dedicarme profesionalmente a enseñar a la gente a hablar en público.
Y ella, que es una persona con muchísima visión, pensó que hacer vídeos para Internet
podía ayudarme a promocionar mis servicios.
Cuando me dijo eso, yo, como buen marido, le dije, claro, corazón, por supuesto.
Pero dentro de mí pensaba, ¿y tú qué sabrás si aquí el experto soy yo?
Eso no se lo dije.
Yo llevo con Eva casi 10 años y muy al principio de la relación
me di cuenta de dos cualidades suyas que son importantes,
que están muy marcadas y que sobre todo he tenido que aprender a convivir con ellas
un poco a mi pesar.
La primera es que siempre tiene la razón.
Por aquí os identificáis, ¿no?
No sé cómo lo hace, pero siempre tiene la razón.
Y la segunda es que es una persona muy insistente
y cuando algo se le mete en la cabeza no se le sale hasta que lo consigue.
Por eso el tema del vídeo online se le quedó dando vueltas en la cabeza
hasta que un día por nuestro aniversario me regaló una sesión de grabación
en el estudio de un amigo para que grabara mis primeras píldoras para YouTube.
Y yo soy un tipo terco, por lo tanto me lo tomé un poquito a regañadientes,
pero tampoco soy demasiado tonto, por lo tanto me lo tomé en serio.
Así que dediqué todo un domingo a grabar las primeras 14 mini píldoras de vídeo
para YouTube y este es un pantallazo del primer vídeo que publiqué
cuando todavía no sabía peinarme.
Y esto me cambió la vida.
Mi nombre es Sebastián y ayudo a profesionales ambiciosos como vosotros
a comunicar vuestras ideas de manera persuasiva,
aquí en el escenario, en vídeo o en persona,
para conseguir alcanzar vuestros objetivos profesionales con mucha mayor facilidad.
Gracias a aquel regalo de Eva, todo lo que ha ocurrido desde entonces,
hoy en día tengo un canal de YouTube con más de 260.000 suscriptores,
que me ayuda, es mi herramienta de marketing principal
y que me ha conseguido posicionarme como referente en mi nicho específico,
lo que permite cobrar hasta tarifas cinco veces superiores a la media,
pero sobre todo hace que cada lunes me levante queriendo que sea lunes,
porque me encanta lo que hago.
Y hoy voy a ser como mi mujer Eva y os digo, tenéis que hacer vídeos,
porque os cambiará la vida.
Aunque no lo voy a hacer en plan dictatorial, como me tocó a mí,
lo haré más en plan colegueo,
porque entiendo que hacer un primer vídeo da muchísima pereza,
pereza que en el fondo es algún tipo de miedo disfrazado,
miedo a la tecnología, miedo a dejarme pasta,
como dice mi amigo Pepe Romera, miedo a parecer cutre,
o incluso miedo a que la gente en el fondo se dé cuenta
que no soy el superhéroe, el superhombre que sale en Instagram,
que en el fondo soy una persona normal como todas las personas que estamos aquí.
Ahora bien, advertencia, esto no va de contenido,
esta no es una presentación al uso, es distinta.
Hoy vengo a hackear vuestro cerebro,
porque mi objetivo hoy es, a través de tres trucos mentales,
cambiar vuestra manera de pensar y de sentir sobre vuestra comunicación.
Primero, para desmontar esos miedos que nos impiden dar el paso,
ya no solamente en el vídeo online, sino al subirnos a un escenario,
o incluso al acercarnos a personas desconocidas en eventos como este,
en el networking fabuloso que nos han organizado hace un ratito.
Y que con estos tres trucos mentales, al menos una persona de entre vosotros,
que dicho sea de paso es muy mala conversión, uno de 550,
pero ya me doy con un canto de los dientes,
si una sola persona de aquí es capaz de cambiar, aquí y aquí.
Ahora bien, yo os garantizo que si cambiáis con alguno de estos tres trucos mentales,
os convertiréis en personas más influyentes, más persuasivas,
tanto en el vídeo, como aquí en el escenario, como en persona.
¿Estamos?
¡Sí!
Ese es el espíritu, manos a la obra.
Levantando la mano, aquí, ¿quién ha sentido alguna vez miedo a hablar en público?
Yo no estaba aquí cuando Alicia preguntó, veo que hay muchas manos,
pero veo que hay manos que no se han levantado.
Decidle a Bruno que luego os traiga aquí arriba y ya os digo que no es fácil.
El 9 de mayo del año 2009 cometí la mayor locura de mi vida.
Seis meses antes, el 25 de diciembre, recibí una llamada de Santo Domingo.
Era mi tío Tony.
Sebastián, en mayo se casa tu primo André y tienes que venir a la boda.
Y yo le contesté, tío Tony, no tengo pasta, no puedo ir.
No te preocupes, yo te lo pago para que vengas.
Un poco de contexto.
Era 25 de diciembre y aquí en España era de noche.
En Santo Domingo era mediodía.
Y los dominicanos al mes de diciembre le llamamos bebiembre.
Tío Tony estaba borracho y yo también.
Por lo tanto, entre la conversación de besugos, el ida y vuelta,
un montón de cosas que no me acuerdo, le dije, vale, voy a la boda
y además voy a dar un discurso.
Pero había un pequeño problema.
Un pequeño problema que nadie me comentó en ese momento.
Un pequeño problema del cual me enteré demasiado tarde.
Un pequeño problema que lo habría cambiado todo.
Y ese pequeño problema eran 600 invitados.
Eso es, este salón con tres filas más y rellenando las butacas sueltas que hay aquí.
Claro, llegó el día de la boda y sentía que me iba a dar un infarto.
Fulminante, además.
Mi bocota me metió en un lío del cual no tenía ni idea de cómo salir.
Estaba entre la espada y la pared.
Claro, a medida que pasaba el tiempo, la tensión aumentaba.
Y aumentaba. Y aumentaba.
Hasta que llegaron las 7 de la tarde.
Catedral de Santo Domingo llena de gente.
Gente que reía, gente que aplaudía, gente que lloraba lágrimas de emoción.
Y yo repasaba mis notas.
Y mientras me pegaba de hostias en la frente, me decía a mí mismo,
tío, vaya marrón en el que te has metido.
¿Por qué tenías que hablar?
Pero no me quedaba de otra. Tenía que tomar una decisión.
¿Lo hago o no lo hago?
¿Cancelo el discurso y quedo fatal?
¿O me inmolo por mi familia?
Era lo que sentía en ese momento.
Pues la realidad es que decidí inmolarme por mi familia,
me armé de valor, subí al escenario
y sorpresa.
Hey, como has llegado hasta aquí, te tengo un regalo.
Y es gratuitamente el primer capítulo de mi libro
Haz que te escuchen y triunfa con tus ideas.
Que es un paso a paso que utilizo yo y que enseño a mis clientes
para ser capaces de prepararse adecuadamente,
ya sea que tengan que hablar en público
o salir en cámara.
Y de esta manera hablar con muchísimo mayor seguridad.
Descárgalo más abajo, gratuitamente,
en el enlace que encontrarás en la descripción.
Seguimos con el vídeo.
¿Queréis saber lo que ocurrió?
Para eso es importante que entendáis otra cosa.
El miedo es una emoción útil.
Y es útil cuando no nos paraliza,
porque nos ayuda a sobrevivir.
Imaginad, hace muchísimos años,
edad de piedra, un mono de este tamaño
corriendo hacia nosotros con una roca en la mano.
En esa época había que reaccionar rápidamente.
No podíamos ponernos a deliberar.
¿Está cabreado?
¿O es bipolar?
¿Es conmigo?
¿O es con el que tengo atrás?
¿Es una roca o es una pelota un poco...?
Vaya gallo que se me acaba de salir.
¿Es una roca o es una pelota un poco extraña?
No podíamos porque moríamos en el intento.
Y es que el miedo es útil cuando nos mueve a actuar.
Que en aquella época y en circunstancias de ese estilo
nos hacía sobrevivir.
En circunstancias más mundanas del día de hoy
nos ayuda a salir adelante.
Y es que cuando nos ponemos frente a una cámara,
cuando nos subimos a un escenario como este,
cuando nos acercamos a gente que no conocemos
en eventos maravillosos como este,
pues eso nos saca de la zona de confort.
Y por lo tanto, nos da miedo.
Y si ese miedo nos paraliza,
no aprovechamos las circunstancias
y las oportunidades que nos brinda la vida.
En cambio, si las aprovechamos,
de repente se abren las puertas a un mundo de posibilidades.
Y el discurso salió bastante bien.
Esta es una foto hace ya bastante tiempo
con cara de que no lo estoy pasando del todo bien,
pero sobreviví.
Y la realidad es que sobreviví
porque el miedo me llevó a prepararme mucho.
Pero sobre todo la sorpresa,
esa sorpresa de la que hablaba hace un rato,
fue lo que aprendí en ese discurso.
Y es que igual que un clavo saca otro clavo,
un miedo saca a otro miedo.
Y ahí me di cuenta del hack número uno.
Haz que no hacerlo, duela más que sí hacerlo.
Haz que subirte al escenario, duela menos que no subirte.
Haz que salir en cámara, duela menos que no salir.
Haz que acercarte a la gente,
duela menos que no acercarte a la gente.
Porque ¿qué ocurre?
No podemos pretender eliminar el miedo del todo,
pero si de repente ocurre otra cosa que nos da más miedo
y es el contrapunto, esto nos lleva a actuar.
Y aquí la clave está en el compromiso.
¿Qué ocurrió?
El objetivo era dar el discurso.
Yo me comprometí con mi familia
y había una fecha determinada.
No me quedaba de otra.
¿Y qué ocurre?
Yo vivo muy lejos de mi familia,
gente a la que quiero,
gente a la que aprecio,
gente cuya opinión me importa
y no quería quedar mal con ellos.
De repente me di cuenta de que me daba más miedo
o que me dolía más quedar mal con ellos
que subirme al escenario.
¿Qué podéis hacer vosotros?
Sobre todo en el contexto de hacer un vídeo,
pues comprometeros con gente.
Sacáis el móvil,
vais al grupo de WhatsApp de los colegas del instituto,
gente implacable,
y le decís el miércoles próximo voy a sacar mi primer vídeo en internet
y si no lo saco os voy a dar 10 euros a cada uno.
Lo hacéis sí o sí.
Si no os vale esa, mandáis un email a la lista
o lo ponéis en vuestro muro de Facebook
o lo prometéis a vuestros hijos.
Pero en ese momento el compromiso es muchísimo más importante
que el miedo que supone ponernos en la cámara.
Por lo tanto, hack número uno para comenzar a gestionar ese miedo
es asegurarnos de que duela más no hacerlo que sí hacerlo.
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y hablar en público con muchísima mayor seguridad.
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Nos vemos la semana próxima.
Y recuerda que quien comunica mejor gana.
