07 Las cabezas de las arquivoltas del triforio - Curiosidades de la catedral de Burgos

07 Las cabezas de las arquivoltas del triforio - Curiosidades de la catedral de Burgos

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Jan 30, 2026

La nave mayor y el crucero de la catedral de Burgos es un espacio lleno de luz y color donde el Obispo con su Cabildo y el pueblo cristiano celebran solemnemente los misterios de la fe.
En ese gran espacio está representada la iglesia al completo. La iglesia que duerme, que ha muerto, en las tumbas del suelo, que hoy ya no se conservan tras la sustitución del suelo de piedra en los siglos XVIII y XIX, por el actual de mármol de Carrara de Génova, con un diseño de hexágonos con fajas y adornos de piedra azulada de pilar a pilar y otras que se cruzan en aspas.
La nave central y el crucero que se desarrollan en tres niveles, en el más bajo están los haces de columnas y arcos formeros que dan acceso a las naves laterales y en el nivel superior el claristorio, con ventanales de doble ojiva y vidrieras policromadas sobre el misterio de Cristo. Pero en el piso medio está el elegante triforio, galería que recorre perimetralmente la nave mayor y el crucero. Sus tracerías están apoyadas en esbeltas columnas y en sus arquivoltas está representada simbólica e iconográficamente la iglesia que vive, con casi quinientas cabezas mirando al interior del templo en los arcos de los distintos tramos del triforio.
Entre esas cabezas, las hay de reyes, nobles, plebeyos o seres deformes con caras bifaces y de animales o traviesos demonios, simbolizando a los creyentes, con las virtudes, defectos y vicios de la iglesia que peregrina y se purifica.
Dentro de la gran calidad artística del conjunto, entre todas estas gentes, llama la atención, que se intercalan expresivos demonios, estando presente la clásica dualidad entre el bien y el mal, entre la virtud y el pecado. En una de ellas aparecen tres caras, simbolizando la hipocresía del hombre que tiene mil caras.
Todos esos demonios que se mezclan entre las personas, buenas y malas, son hijos de Dios, uniéndose en Cristo para formar un solo cuerpo. Por eso la serie de cabezas comienza y finaliza en una gran estatua de Cristo sobre la entrada principal del templo proclamando: Yo soy el alfa y la omega, el principio y el fin.
Este tipo de cabezas están también presentes en el arco de la portada central de la fachada de Santa María y en el de la portada del Sarmental, y a finales del siglo XV Simón de Colonia las colocó también por la capilla del Condestable.
La fe cristiana del medievo muestra también en piedra en el exterior de la catedral figuras humanas que conviven con monstruos infernales, imágenes grutescas, muecas burlonas y animales dantescos, como defensoras pétreas del recinto sagrado ante el maligno, adoctrinando en el temor al infierno a los pecadores y creyentes.
Este uso artístico y pedagógico indicaba que los dominios del mal están fuera de la iglesia, huyendo del templo, ya que la catedral es la imagen simbólica de la nave de la Iglesia, que recorre el mar tormentoso del mundo para arribar al puerto de la eternidad, el cielo. Un ejército de mascarones, aves fantásticas y monstruosas se alternan con ángeles, ahuyentando y haciendo retroceder al espíritu del mal, que habita en las aguas.
Aunque el infierno de los vivos está por venir, existe un “infierno” reflejado en la vida diaria del que formamos parte, aceptándolo muchas veces. En medio de este infierno la tarea del cristiano es intentar que venza el bien sobre el mal, el amor frente a la maldad.
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Away
Patrick Patrikios
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