See you! If you get to the end of the video, you'll see that I'm talking just for you. Thanks for being there, adventurer.
And if you're reading this, it means you're among the 1% of people who read video descriptions TO THE END. Leave me a comment with a mysterious emoticon 👽, you'll brighten my day!!
👉 www.desafioviajero.com IVOOX: DESAFÍO VIAJERO INSTAGRAM: DESAFÍO VIAJERO YOUTUBE: DESAFÍO VIAJERO How this was made Auto-dubbed Audio tracks for some languages were automatically generated. Learn more Transcript Follow along using the transcript.
Show transcript
Desafío Viajero 267K subscribers Videos About
Generado por IA·Puede contener errores
Y así amigos llegamos a uno de los lugares más míticos del Vaticano. Vamos a entrar en los
museos vaticanos para recorrer sus estancias, descubrir sus misterios y adentrarnos en sus
pasadizos más míticos. Acompañadme porque entramos en los museos vaticanos, uno de los
museos seguramente más espectaculares de todo el planeta. ¡Vamos allá!
Siempre me he preguntado el por qué museos vaticanos en plural. Cuando hablamos del museo
británico, del Louvre o del Prado, lo hacemos en singular, pero aquí en el Vaticano usamos el
plural. ¿Por qué? Porque estamos ante muchos museos. Es un auténtico enjambre de maravillas.
Un museo egipcio, otro etrusco, las estancias de Rafael, la Capilla Sixtina y tanta riqueza
cultural e histórica que honestamente se queda corto el apelativo de museo.
Fundados en el siglo XVI, los museos vaticanos albergan más de 70.000 obras, aunque solo unas
20.000 están expuestas al público. Aún así, el recorrido es abrumador. Calzado cómodo, por favor,
ya que hablamos de 42.000 metros cuadrados y más de 7 kilómetros de caminata. Si crees que Roma
se hizo en un día, prepárate para no terminar el museo ni en tres.
Los museos vaticanos son también el tercer museo más visitado del mundo,
solo detrás del Louvre y del Museo Nacional de China. Más de 6 millones de personas al año
cruzan sus puertas. Técnicamente, toda la colección pertenece al Papa en funciones,
claro, pero su conservación y acceso al público se mantiene por una fundación autónoma.
Entramos en las estancias del Museo Pío Clementino, el primer museo vaticano en
crearse gracias a Clemente IV y Pío VI, en el año 1771. Aquí está el famoso patio de las estatuas,
donde el mármol parece murmurar. Y hablando de escultura, no podemos ignorar un detalle
que siempre provoca la sonrisa y la polémica, claro, el famoso braguetone. Esa discreta tela
de pudor que cubre ciertas zonas estratégicas fue añadida tras el concilio de Trento,
cuando el Vaticano se volvió más recatado. El arte renacentista tenía cuerpos gloriosos,
la iglesia, por lo visto, tenía frío. Le llamaban el braguetone, aventureros,
Daniel de Volterra, y es que este escultor y pintor fue contratado por parte de Pío V para
capar y amputar los órganos viriles de todas las estatuas prácticamente del Vaticano. Al final,
la solución fue encontrada en el Antiguo Testamento, en el Génesis. Y es que tanto
Adán como Eva se cubrían sus partes pudientas con hojas, como vemos aquí,
el braguetone, que sería así como el braguetero. Y sí, amigos, en el Vaticano se cuenta que hay
un cajón lleno de todos los penes amputados a estas estatuas. ¿Os imagináis?
Una copia del Augusto de Primaporta, que se encuentra aquí, fue encontrada en la villa
de su esposa Livia, y hoy se sabe que originalmente estaba pintada con colores vivos. El mármol
blanco era una base, no el acabado. El Lauconte, arte con veneno, descubierto
en 1506, en las ruinas de la Domus Area de Nerón. Allí emergieron en la tierra tres
figuras contorsionadas, atrapadas por serpientes. Es Lauconte y sus hijos,
un grito congelado en el mármol. Esta obra maestra apareció sin brazos, y fue reconstruida
en el siglo XVIII con un gesto dramático. Pero aquí viene la sorpresa. En el siglo XX se halló
el brazo original, y estaba doblado de manera muy diferente. A veces hasta el mármol tiene
segundas oportunidades. El grupo escultórico de Lauconte fue descrito
ya por Plinio el Viejo en el siglo I como la obra más admirable del arte jamás creada.
Fue redescubierto casi intacto por unos obreros que avisaron nada menos que a Miguel Ángel,
quien lo identificó de inmediato. La esfera de bronce en medio del recorrido
es una obra contemporánea que llama la atención. Fue construida por Arnaldo Pomodoro. Una esfera
perfecta que esconde imperfecciones internas, como si el mundo se quebrara sobre sí mismo.
Muchos lo interpretan como el conflicto entre lo eterno y lo efímero. O visto de otro modo,
el universo con alguien con un trastorno obsesivo compulsivo y pesadillas tecnológicas.
En el museo egipcio encontramos dioses entre vitrinas. Atravesamos las arenas del tiempo,
donde los ecos del Nilo resuenan en latín. Estatuas de los faraones, figuras de dioses y
especialmente Sehmet, la diosa con cabeza de leona, encargada de devorar a los humanos
cuando se le cruzaba el cable divino. En la mitología egipcia, la diosa Sehmet
fue apaciguada una vez que su padre Ra tiñó de rojo el Nilo con vino, que confundió esta con
sangre. Moraleja de la historia, hasta los dioses necesitan una copita para calmarse.
La galería de los mapas. Cartografía con tortícolis, desde luego. Una de las salas
más impresionantes. Mide 120 metros de largo. Sus techos barrocos harán que te duela el cuello
antes de llegar a la mitad. Los mapas están pintados en base a la cartografía del siglo XVI,
y algunos son tan detallados, que incluso hoy sirven para comparar la evolución de
las costas italianas. Y es que para los amantes de la geografía, esto es Disneylandia.
Apartamentos de Rafael. Encontramos la filosofía con frescos pintados por el gran artista.
Descubrimos tres estancias, siendo la más conocida la estancia de la Signatura, hogar
del fresco más célebre del artista, la Escuela de Atenas. Allí los grandes filósofos de la
antigüedad discuten con calma olímpica. Platón, Aristóteles, Giógenes, Sócrates,
y entre ellos un autorretrato de Rafael que no se observa con aire travieso. Y esos tres
personajes misteriosos. Algunos creen que representan a Cristo de niño, de joven y de
adulto. O tal vez solo eran invitados sorpresa. Pero lo cierto es que son los únicos, junto con
Rafael, que miran al visitante. Rafael pintó el rostro de Leonardo da Vinci como Platón,
a Bramante como Euclides y al propio Miguel Ángel como Heráclito. Fue un homenaje secreto
a sus colegas y rivales. Durante el saqueo de Roma de 1527, soldados alemanes conocidos como
los Lanzquenetes dejaron su huella literalmente, garabatearon un graffiti con la palabra Lutero
sobre el muro y también dejaron dibujos obscenos que luego se intentaron tapar con yeso.
En la estancia del Heliodoro observamos frescos como la donación de Constantino,
que conduce a otro de mis lugares favoritos, la Sala de Constantino, donde se representa
la famosa visión antes de la batalla del ponte Milvio. Donde se representa la famosa visión de
Constantino justo antes de iniciar la batalla del ponte Milvio, con este signo vencerás. Y
con eso el cristianismo pasó de perseguido a patrocinado.
La Capilla Sixtina, tal vez el lugar más mítico o sagrado del Vaticano,
pero aquí amigos también se reprime la risa. Es el lugar más especial del Vaticano,
mandada a construir por Pío IV. Aquí se fusiona la fe y el arte. En sus inicios el
techo era simplemente azul con estrellas doradas, hasta que llegó un tal Miguel Ángel y dijo
Una de las escenas más impactantes es el diluvio, con más de 60 figuras humanas
tratando de sobrevivir. Miguel Ángel aprendió la lección. Para las siguientes escenas usó
menos personajes, pero esta vez enormes. Y luego esta icónica creación de Adán.
Ese momento eterno en que el dedo de Dios casi toca al hombre. Ese casi lo es todo.
Creo que si habéis estado en este lugar sabéis que se siente algo muy especial cuando se encuentra
uno allí. Durante cuatro años, entre 1508 y 1512, Miguel Ángel se vio en el complicadísimo
proyecto que le suponía pintar los 500 m2 de una bóveda llena de defectos y grietas.
El trabajo fue durísimo. Una tortura, como definía él. Antes de empezar a trabajar,
Miguel Ángel tenía que levantar y sujetar los enormes cartones sobre las figuras que
se disponía a trazar mediante líneas maestras en el boceto del techo. Miguel Ángel dormía
en un camastro, con su pobre comida, que al final era un poco de pan y algo de sopa. Se
levantaba muchas veces a medianoche para pintar, iluminándose simplemente con un sombrero cubierto
con velas. De hecho, la pintura le caía sobre los ojos, hecho que le produjo graves enfermedades
e infecciones que le hizo perder parte de la visión. El ángel pintaba a 20 metros de altura,
con el cuerpo doblado, estirando cada músculo como un contorsionista en busca de la pincelada
perfecta. Todo un suplicio, y más para alguien que no le gustaba pintar. Él decía que no era
pintor, que era escultor. Tras concluir su espectacular obra, Miguel Ángel quemó sus
notas, sus cuadernos, sus esbozos, los cartones, los bocetos… Nada, no quedó nada. Nadie podía
ver lo que Miguel Ángel había escondido. Sin embargo, el misterio está a la vista de todos.
No hay simbología cristiana alguna. Observamos figuras judías, civilas. Vemos paganismo. No
hay nada del cristianismo ahí. Tuvo que ser complejo convencer a la curia de su época de
que su obra honraba a la iglesia católica. Pero no solo eso. La bóveda de la Capilla
Sixtina parece una mesa de disecciones anatómica. Se ha tratado de ver órganos
reproductivos femeninos, un pulmón, riñones, el cerebro humano, siendo entregado a Adán mientras
Eva espera a ser creada, justo detrás de la divinidad. Pero la Capilla Sixtina tiene mucho
más. A mí siempre me ha llamado especialmente la atención la escena de la expulsión del
paraíso de Eva, cuando vemos a Eva cogiendo la manzana. Porque qué habría pasado aquí
si el hábil Miguel Ángel le hubiese hecho girar el cuello hacia el otro lado.
Casi dos décadas después de concluir la bóveda de la Capilla Sixtina, Miguel Ángel recibió el
encargo de pintar el juicio final. Aceptó casi con 60 años. La pared original estaba
inclinada hacia atrás 20 centímetros. Miguel Ángel pidió a los obreros que invirtieran la
pared hacia delante 50 centímetros, por lo que ahora la parte superior sobresalía 30 centímetros,
generando el efecto subliminal de que el juicio final caía sobre los que estuviesen admirando
esa obra. La obra es un escándalo. Hombres desnudos, fornidos, abrazándose, besándose
de manera apasionada. Observamos penes, testículos, nalgas, y todo ello tropezando sobre las cabezas
de los inocentes cardenales que se encontraban ahí abajo. Esta vez en el juicio final su atraimiento
iría mucho más allá. No lo firmaría como la pietá, sino que se autorretrataría en la piel
desollada de San Bartolomé. Ahí lo tenéis. Como protagonista de la obra vemos un Jesucristo
imberbe con los cabellos dorados dominando la escena. Si el sujeto que vemos como Dios
representado en la creación es Zeus o la cuente, aquí quien inspira a la persona de Jesús es la
representación del dios solar Apolo. Fuerte, justiciero, casi da miedo verle. De hecho la
Virgen María se aparta, mira hacia otro lugar. Es una obra espectacular. Pero también encontramos
más curiosidades sarcásticas. Sabemos del carácter sarcástico de Miguel Ángel y es que
ante los comentarios negativos del Cardenal Viallo de Cezana, quien criticaba constantemente los
desnudos del artista florentino cuando pintó la bóveda de la Capilla Sixtina, Miguel Ángel
tendría su vendetta. Y es que el Papa Julio II, ante las sufocantes quejas del Cardenal,
pidió a Miguel Ángel que vistiera a todos los desnudos que vemos en la bóveda, a lo que el
pintor respondió, santidad, los santos no tienen sastre. No obstante, Miguel Ángel tuvo que ser
censurado y fue necesario pintar una especie de gasa blanca sobre este púdico problema. Pero
como os digo, años después, Miguel Ángel tendría su vendetta. Y así cuando el Papa de la época,
Pablo III, le encomendó pintar el mural del juicio final sobre el altar, Miguel Ángel decidió pintar
a ese Cardenal Viallo de Cezana en el infierno con unas descomunales orejas de burro y con una
serpiente enroscada en el pecho y mordiéndole los testículos al Cardenal. El Cardenal se quejó
por tal humillación y suplicó al Papa que reprimiese al pintor que le obligase a corregir
esta obra, a lo que el pontífice, muy cachondo, le respondió, a ver si os hubiera enviado al
purgatorio, podría hacer algo porque hasta ahí llega mi poder, pero sacaros del infierno,
eso, amigo mío, es imposible. Cuando Stendhal vio esta obra por primera vez, dijo, los que
no han visto esta estatua no pueden imaginar el poder pleno de la escultura. Y es que esta
escultura, esta estatua que forma parte de la tumba de Julio II, muestra un Moisés sublime.
Miguel Ángel comenzó a tallarlo con 38 años, en 1513, y, atención, terminó en 1544 con 79
años. Es decir, empezó con 38 y terminó con 79. Una auténtica barbaridad. Su gran secreto se
encuentra en las dos tablas con los mandamientos que porta el Moisés en su brazo. Están lisas,
no hay inscripción alguna. Y es que Miguel Ángel esculpe un momento muy preciso de la
historia de Moisés, su segunda ascensión al monte Sinaí. Y es que, recordad, tras romper
las primeras tablas de la ley, al ver la adoración de los judíos en el becerro de oro, Moisés rompe
por tanto esas tablas y recibe el encargo de ascender de nuevo al monte Sinaí para esculpir
dos tablas nuevas. Y Dios le dice así, tal cual, labra dos tablas nuevas como las primeras para
que yo escriba sobre ellas. Es decir, esto es un aviso que da Miguel Ángel a los altos estamentos
eclesiales de la época, corrompidos como aquellos israelitas venerando a los becerros de oro del
momento. Todo un genio. El último golpe de martillo que Miguel Ángel dio sobre el Moisés
fue para decirle, habla. En el pabellón de las carrozas se encuentran los papamóviles históricos,
desde palanquines hasta limusinas papales. Aquí ves cómo se desplazaban los líderes
espirituales con estilo. El carruaje más antiguo expuesto es del siglo XVIII. Algunos papamóviles
son modificados por Mercedes Benz o Fiat o incluso hay un modelo eléctrico creado por Renault.
Es el 13 de mayo de 1981, aventureros. El papa Juan Pablo II, como de costumbre,
comienza a realizar simplemente un paseo, una ruta para saludar a los peregrinos,
a los fieles en la plaza de San Pedro. En este momento él coge a una niña, Sara Bartoli,
de los brazos de sus padres, le da un beso y cuando está a punto de devolverla a sus padres,
él es objeto de un atentado. Y es que en la tercera fila el turco Ali Ajka dispararía
en diversas ocasiones contra Juan Pablo II. Se escuchan varias detonaciones. Una de estas
balas enterría por el abdomen del papa, muy cerquita de la arteria aorta, dejándole prácticamente
muerto. Casi entra en situación de desmayo. Automáticamente una monja que estaba al lado
del turco Ali Ajka se lanzaría sobre él y acompañada del resto de los peregrinos harían
que éste cayese y que fuese detenido. Juan Pablo II sería llevado al hospital Gemelli donde sería
operado de urgencia durante varias horas y se encontraría durante al menos cinco o seis días
en la UCI. Le estirparían medio metro de intestino así como varios litros de sangre. Unos días después
cuando el papa se recuperó, lo primero que hizo fue acudir a la prisión donde se encontraba
retenido Ali Ajka. Hoy en día esa conversación que podemos observar donde está Juan Pablo II
perdonando a Ali Ajka, los detalles y el contenido de esta conversación se encontraría en el archivo
secreto vaticano. Desde luego sería uno de esos tesoros que a todas nos encantaría poder descubrir.
¿Qué le contó Juan Pablo II a Ali Ajka cuando se encontró allí con él en la cárcel? Esto fue el
13 de mayo de 1981 aventureros, justo el día de Fátima. Juan Pablo II pensó que fue un milagro
por parte de la virgen el hecho de que se salvase, de que tan apenas a unos centímetros de su arteria
horta esa bala no acabase con su vida. Por eso cuando le estirparon la bala, esta fue llevada
directamente por Juan Pablo II e incrustada en la corona de la virgen de Fátima en Portugal,
dando gracias por tanto del milagro que salvó su vida. Y en este momento, amigos, estáis viendo
el el papamóvil en el que se encontraba Juan Pablo II en el momento del disparo. Aquí fue.
Tras el atentado contra Juan Pablo II en 1981, los papamóviles empezaron a incluir vidrios
blindados, dando lugar al clásico acuario sobre ruedas, hasta que el Papa Francisco dijo
yo ahí no me subo. Hasta aquí nuestra visita por los museos vaticanos, aventureros. Desde luego
que es uno de esos lugares más alucinantes del mundo, lleno de cultura, de historia y donde lo
vaticano. Y para despedirnos, descendemos por una de las joyas del lugar, la escalera Helicoidal,
mal llamada Debramante. Está inspirada en la original del siglo XVI, cerrada al público,
por cierto, pero esta fue construida en 1932 por Giuseppe Momo. Sus escalones permiten subir y
bajar al mismo tiempo sin que nos crucemos. Como en la vida, unos suben, otros bajan,
pero todos girando en espiral. El diseño de Momo en 1932 fue uno de los primeros intentos modernos
de diseños de flujos peatonales separados, influyendo después en aeropuertos y estaciones
de tren de toda Europa. En esta espiral se une el cielo y la tierra, la materia y el espíritu. Y
ese fuego invisible que tocó a los grandes artistas que dejaron aquí su huella nos recuerda
algo esencial. El arte y lo sagrado no están enfrentados, son quizás dos caras de la misma
moneda, una que gira como el mundo y como esta historia que de momento termina aquí.