24 Escultura funeraria Sepulcros en la Nave Mayor Curiosidades de la catedral de Burgos

24 Escultura funeraria Sepulcros en la Nave Mayor Curiosidades de la catedral de Burgos

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Jan 30, 2026

Las dos naves laterales de la catedral de Burgos y la girola están rodeadas de capillas, y existen muy pocos lugares en sus muros donde poder colocar sepulcros. Anteriormente existían multitud de tumbas en el suelo que fueron quitadas en 1858 al cambiarse en el pavimento de piedra blanda, que se deshacía con facilidad, por baldosas de mármol de Carrara de Génova.
En la única pared de la nave de la epístola está el sepulcro del arzobispo Manuel de Castro Alonso, fallecido en 1944, que gobernó la diócesis entre 1928 y 1944. Manuel de Castro Alonso también fue obispo de Jaca, de 1913 a 1920, y de Segovia desde 1920 al 1928.
El sepulcro muestra en una hornacina, bellamente ornamentada, al Arzobispo orante con la Mitra en el suelo y el báculo apoyado sobre el reclinatorio. Debajo, el escudo de armas portado por ángeles tenantes, y a los laterales un arcángel y una santa con libro en la mano.
El magnífico sepulcro del gótico florido adosado al muro de la capilla de San Nicolás, en la nave del evangelio, pertenece al arcediano Pedro Fernández de Villegas, que vivió entre 1453 y 1536. Arcediano de Burgos y destacado miembro del Cabildo, fue un notable humanista y el primer traductor en verso castellano de la Divina Comedia de Dante. Vivió en Roma de 1485 a 1490, siendo protegido y financiado por Juana de Aragón.
El sepulcro se construyó años antes de su muerte, hacia 1510 pues estando muy enfermo se creía morir. No fue así y vivió veinticinco años más, siendo la cartela de estilo renacentista. Puede ser una de las últimas obras de Simón de Colonia, ya que sigue el mismo diseño utilizado para el del también Arcediano D. Fernando Díaz de Fuentepelayo, de la capilla de Santa Ana.
En el arca sepulcral destaca su estatua yacente, reclinando la cabeza y los hombros sobre dos almohadas planas, y con un libro en el pecho. En el fondo del arco encontramos la presentación del Niño Jesús en el Templo y la purificación de la Virgen, con dos ángeles con antorchas, recordando el día de la fiesta de las Candelas, o los ángeles del purgatorio que cita Dante. El frente del arco tiene los relieves de los apóstoles San Pedro y San Pablo en el centro y pajes con los escudos del Arcediano a cada lado, y en el canto del sepulcro aparecen tres leones o un dragón simbolizando el viaje al más allá. Sobre el arco conopial está la Anunciación del Ángel a la Virgen, el jarrón de azucenas y el Padre Eterno coronando el monumento. En los pilares o agujas, enmarcando el sepulcro, en doble piso están representados apóstoles y santos.
Los restos de uno de los personajes más siniestros de la historia medieval de España descansan en el presbiterio de la catedral de Burgos. Bajo un sencillo arcosolio del altar mayor, con su escudo de armas, está la estatua yacente del infante don Juan, que conserva gran parte de su policromía original.
A finales del siglo XVI, durante las obras de asentamiento del retablo, se elevó el presbiterio, quedando soterrados los sepulcros de otros dos infantes de Castilla, hijos de Alfonso VIII y Leonor de Inglaterra. Estos ya reposaban en el presbiterio de la antigua catedral románica y habían pasado al mismo lugar en la gótica. No fueron los únicos miembros de la familia real castellana que acabaron sepultados en ese lugar, pero los enterramientos pasan desapercibidos bajo el retablo mayor.
El infante don Juan, hijo de Alfonso X y Violante de Aragón, es el primer miembro de la familia real castellana, que fue enterrado en el presbiterio en 1319. Juan aparece sin barba, con la nariz quebrada por el tiempo, luciendo una larga melena. Su cabeza se cubre con una carmeñola de color rojo, como su capa, lleva puesta una armadura, y con sus manos sostiene una espada.
Su turbulenta vida está llena de traiciones y reconciliaciones siendo un maquiavélico personaje que realizó fechorías bajo cuatro reinados. Murió el 25 de junio de 1319.
Los restos mortales del obispo Mauricio, fundador de la catedral y fallecido en 1238, fueron enterrados a los pies del altar mayor, en el centro del coro en su original ubicación. En 1552, habiendo sido reubicado el coro en su lugar actual, se trasladó allí su imagen, que data en 1260, con armazón de madera revestida de cobre repujado y esmaltado.
En la mañana del 21 de julio de 1921, los restos de Rodrigo Díaz de Vivar, «El Cid», y su mujer, Doña Jimena, que habían estado hasta entonces en San Pedro de Cardeña fueron enterrados en la catedral de Burgos, bajo la bóveda calada. Un lugar de privilegio para honrar a uno de los mayores héroes de la Edad Media castellana, siendo un personaje literario y mitológico gracias al «Cantar de Mio Cid», y más recientemente con “Sidi”, una obra de Arturo Pérez Reverte.
La tradición sostiene que en San Pedro de Cardeña, al lado de sus muros, existe una lápida que recuerda el lugar donde están enterrados los restos de Babieca, la leal montura del Cid.