El 25 de abril de 1999, más de 10.000 practicantes de Falun Dafa se reunieron pacíficamente frente al complejo de oficinas del gobierno central en Beijing. Lo hicieron con un solo propósito: pedir justicia, libertad de creencia y el derecho a practicar en paz. Esta fue la manifestación más grande y ordenada en China desde la masacre de Tiananmen, y también fue el inicio de una brutal persecución que continúa hasta hoy.
En este episodio de Inquebrantables: Relatos que el mundo debe conocer, descubrimos el trasfondo de aquel día histórico, el coraje de miles de personas que respondieron con compasión y rectitud ante la injusticia, y por qué su ejemplo sigue inspirando al mundo.
🔔 Acompáñanos a conocer esta historia de valor, verdad y resistencia espiritual frente a la represión.
Conduce para VCS Media Valentina Rincón
Hay momentos en la historia en los que el alma humana es puesto a prueba,
donde la verdad se enfrenta cara a cara con la opresión
y la fe se convierte en un faro que ni la oscuridad más cruel puede apagar.
El 25 de abril de 1999, más de 10.000 personas se presentaron en silencio
y con dignidad ante el poder totalitario del régimen chino.
Hoy en Inquebrantables te llevamos a ese momento clave,
una apelación pacífica que reveló la verdadera fuerza del espíritu humano
y que 26 años después sigue resonando en los corazones de quienes eligieron no rendirse.
El 25 de abril de 1999, más de 10.000 ciudadanos chinos se reunieron en completo silencio
frente a la sede del Partido Comunista Chino en Beijing.
No buscaban poder, solo pedían una cosa, libertad para creer.
Eran practicantes de Falun Gong, una disciplina espiritual basada en verdad, compasión y tolerancia.
Falun Gong había transformado la vida de cerca de 100 millones de personas,
pero el régimen comunista no podía soportar que tantos despertaran por sí mismos, fuera de su control.
Días antes, 45 practicantes habían sido arrestados injustamente.
En respuesta, miles se presentaron para pedir respeto y el fin de los abusos.
No hubo consignas, no hubo violencia, solo meditación, serenidad y fe.
Pero el Partido Comunista no lo vio así.
Jiang Zemin, entonces líder del régimen, interpretó este gesto de paz como una amenaza
y desató una persecución brutal que aún continúa.
Millones de personas han sido arrestadas, decenas de miles torturadas hasta la muerte,
otros víctimas de sustracción forzada de órganos.
26 años después, Falun Gong se practica en más de 100 países y ha sido traducido a más de 50 idiomas.
Nadie lo ha podido destruir.
Casi 450 millones de personas han renunciado al Partido Comunista y sus organizaciones.
La verdad no teme a la historia, la historia no olvidará a los valientes.
El llamado pacífico del 25 de abril de 1999 no solo fue una protesta,
fue una llamada de la conciencia para la humanidad.
Aquellos que han elegido renunciar al Partido Comunista chino han dado un paso hacia la luz,
hacia un futuro en paz con su conciencia.
Porque no importa cuán oscura parezca la noche, ni cuán numerosos sean los que eligen el silencio cómplice,
los principios del universo, verdad, benevolencia y tolerancia siguen siendo eternos
y ante ellos cada ser humano deberá algún día responder por sus elecciones.
El bien y el mal tienen caminos distintos, pero solo uno lleva a nuestro verdadero hogar.