00:00 | Introducción 04:35 | Las inseguridades de Francisca 04:58 | “Despierta América es una gran escuela” 05:13 | “Siempre fui consciente de mis limitaciones” 06:18 | La razón por la que Francisca se vino a Estados Unidos 07:30 | “Desde que tengo uso de razón quiero ser mamá” 08:19 | “Vine a trabajar vendiendo ollas” 08:52 | “Me daba pena vender” 10:09 | ¿Qué llega a Francisca a “Nuestra Belleza Latina”? 12:14 | “Me estaba muriendo de hambre” 14:13 | “Nunca pensé que iba a ganar Nuestra Belleza Latina” 15:12 | “Sabía que no tenía el estereotipo de belleza de un concurso” 16:21 | “Mi infancia fue muy difícil” 16:43 | “Mi padrastro era buena gente, pero alcohólico” 17:36 | “Yo tengo 12 hermanos” 18:03 | “Mi mamá nos protegió del caos en que vivíamos” 20:18 | “Mi mamá aguantó todo lo que vivía por nosotros” 23:59 | “Nunca en la vida me había sentido tan bella como me siento ahora” 25:08 | “Yo empecé a rechazar mi pelo desde niña” 26:58 | “Yo le quería dar un regalo a mi niña interior” 27:42 | “Yo ya no necesito una aprobación de cómo me veo” 30:08 | “A Francesco lo conocí en un salón de belleza” 33:37 | “Yo soy muy cuidadosa en la seguridad que le regalo a mis hijos” 34:08 | “La gente creé que yo no tengo miedo o complejos” 37:47 | “Yo siempre supe que podía con más de lo que estaba mirando” 40:23 | ¿Qué le tiene que decir la Francisca de ahora a la de antes? 42:08 | ¿Qué nos decimos frente al espejo?
Mis queridos Vitubers, con este nuevo episodio, comparto con ustedes la historia de una gran Latinoaméricana, madre, presentadora de televisión y ganadora de Nuestra Belleza Latina. Su historia de superación, les aseguro que ha marcado el camino de millones de mujeres de nuestro continente, mujeres que seguramente, así como lo soñó ella, se quieren abrir paso en el competitivo y exigente mercado en los Estados Unidos. El poder de la aceptación y también el tiempo que amerita lograrlo, es una de las cosas que conversamos. Con ella hice algo que me pareció interesante y que invito a que lo realicen ustedes después de ver este episodio. Los quiero y les recuerdo que pueden escribirme y compartir esta conversación que les aseguro cambiara mucho la perspectiva que tenemos de las situaciones que nos toca vivir.
A veces la gente piensa que por todo lo que yo he logrado y por estar en, por ejemplo,
en Despierta América y cómo gané Nuestra Belleza Latina, es como que sí, yo no tengo
miedos o complejos.
¿Qué fue lo primero que tú hiciste cuando llegaste a Estados Unidos?
Vine a trabajar vendiendo melas.
Diosito sabe, tiene su plan contigo.
Yo no era para nada buena vendiendo.
¿Quién la llevó a Nuestra Belleza Latina?
Cuando yo veo ese programa, yo digo, pero si este el atajo a todo lo que yo sé
Este es el callejoncito que me va a llevar a todo lo que yo quiero en la vida.
Yo había como tirado la toalla con mis sueños, esos sueños de ser actriz,
de estar en un mundo de la televisión.
¿Cómo fue tu infancia?
Era maltrato, eran gritos, era muy difícil.
Todo lo que he hecho en mi vida, yo lo he hecho con miedo,
pero la diferencia es que yo me he atrevido a hacerlo con miedo.
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Dicen que vemos el mundo a través de nuestras propias vivencias,
creencias, enseñanzas y logros.
Aquello que uno tiene arraigado en el corazón es lo que te define,
cómo ves al otro.
Pero, ¿qué pasa cuando los ojos que nos miran no tienen el mismo medidor?
Pueden dos personas estar observando lo mismo y ver escenarios distintos.
Por eso, muchas veces nosotros podemos juzgar, opinar o
decretar algo en la vida de alguien sin notar
que solo estamos reflejando aquello que somos interiormente.
O lo que nosotros tenemos.
Hoy yo quiero hablar de este tema con una mujer que admiro mucho,
aunque ella de repente no lo sabe.
Que se ha ganado cada logro por su belleza, por su talento, por su talento,
por su carisma y ese valor que ella tiene al trabajo.
Muchas veces lo ha tenido que defender de aquellos que la siguen y,
por supuesto, a veces de ella misma.
Hola, soy Viviana Giveri.
Para los que no me conocen, este es mi canal.
Si ya te suscribiste, si te gusta lo que vas a ver,
quédate conmigo porque voy a conversar con la querida Francisca.
No, no, de verdad que yo estar aquí sentada a veces ni lo creo,
porque hay mucha gente que no le gusta que le digan eso, pero yo.
Te miras muy chiquita.
Yo sí.
O sea, te digo, yo no me voy a decirle porque hay gente que no le gusta.
Qué bella.
Tan divina, tan hermosa.
Te vería desde que estaba en mi pueblo, en Azua, República Dominicana.
Me encantas, me encantas y para mí es un honor
estar sentada contigo y tener una conversación.
Ay, mi vida, qué bella.
Mira, tú sabes que yo cada vez que siento un dominicano, se me alegra el alma.
Ustedes saben que yo, bueno, mi origen es cubano,
pero yo quiero mucho a los dominicanos.
Yo sé que ellos me quieren, pero yo los quiero.
Entonces, sentarme con un dominicano a mí de verdad me alegra la vida.
Te queremos muchísimo.
Yo a ustedes.
Por mucho tiempo brindaste mucha alegría para mi tierra.
Eres muy querida allá y también como dominicana muy feliz y honrada
de saber que uno provoca eso en la gente.
Tenemos, andamos con la tambora, con la guida encima.
Yo creo que es uno de los pueblos que más se parecen a los venezolanos.
Sí, nosotros somos muy afín, muy afín.
Así que bueno, me encanta tenerte y te admiro también,
porque pese a que tan bella, a que eres mucho menor que yo,
uno ve en la gente cuando va creciendo
y surgiendo y superándose a sí misma.
Porque cuando uno entra en este negocio, Francisca,
uno entra quizás con muchos temores y muchas cosas.
La gente no lo sabe,
pero con muchas inseguridades
y tú has ido poco a poco superando eso.
O sea, yo te veo en Despierta América hoy día y yo digo wow,
Francisca, cómo se ha crecido.
Sí, en Despierta América he tenido una gran escuela de verdad
y muy feliz también de que me ha dado la oportunidad
precisamente eso, de poder crecer, de poder seguir adelante.
Y como dices, yo desde chiquitica he tenido eso.
O sea, siempre fui muy consciente de mis limitaciones, de mis circunstancias,
pero por alguna razón muy dentro de mí, no sé, yo sabía que podía dar más,
que podía dar más, que podía dar más, que podía dar más, que podía dar más.
Entonces siempre como que me ha gustado retarme,
ir en contra de la corriente.
Ah, te gusta ir en contra de la corriente.
Sí, porque lo que te digo, siempre he sentido que Dios nos manda
de una manera como tipo diamantes y que uno solo tiene como que pulirse
y crecer y crecer y seguir y seguir.
Entonces, por eso, aunque tenga mucho miedo,
trato de colocarme en posiciones incómodas porque me ayudan a descubrir
quién soy, qué realmente fue lo que Diosito mandó para este mundo.
Ahora, una muchacha de un pueblo en República Dominicana
que la hace salir de ese pueblo, venirse para acá, por ejemplo,
y arrancar ese camino que ha sido, ¿de cuántos años tú concursaste
en Nuestra Belleza Latina?
En el 2015, ya van a ser 10 años.
En el 2015. ¿Qué te hizo a ti moverte hasta acá, a Estados Unidos?
Venir a Estados Unidos, el motor no fue tampoco Nuestra Belleza Latina,
porque yo me entré en Nuestra Belleza Latina cuando decidí dejar mi país,
mi familia y todo y venir aquí como inmigrante.
A Estados Unidos.
Entonces, ya precisamente ahí yo había como tirado la toalla con mis sueños,
esos sueños de ser actriz y de estar en un mundo de la televisión.
Yo decidí irme de República Dominicana porque ya había crecido,
ya era una señorita, ya estaba por convertirme en una mujer.
Entonces, yo sentí de cierta forma que como que esos sueños
ya debes aceptar lo que dice la gente, como debes dejar de tirarle piedras
a la luna y vete a trabajar a Estados Unidos y así le vas a hacer la casita
a tu mamá y así vas a poder materializar todos los sueños que tú tengas.
Entonces yo como que me olvido de eso, de estar en el mundo de la farándula,
que es de donde estoy y lo que me hace feliz de lo que vivo ahora.
Y vine con lo normal a buscarme mi trabajo.
Eso sí, yo dije yo voy a trabajar bien duro para, como te digo,
ayudar a mi familia y siempre esa hambre de decir yo puedo,
de poder ser fuente de apoyo para mi mamá, para mis hermanos.
Fue lo que me movió toda la vida e incluso de mis hijos,
porque desde que tengo uso de razón, quiero ser mamá.
Entonces yo decía yo quiero que mis hijos, que Dios me dé la oportunidad
de que mis hijos tengan una vida mejor.
Entonces yo por eso, por ese amor a la familia, yo migraste.
Dije me voy.
Entendí que era lo mejor para mí en ese momento.
¿Qué fue lo primero que tú hiciste cuando llegaste a Estados Unidos?
Bueno, lo primero que hice fue pues.
Porque ya tú eras actriz.
Sí, porque había hecho un teatro.
Yo era una actriz de teatro en mi pueblo, del Teatro Sur ahí.
Ese era mi escape a todo y yo sí era actriz ya.
Pero lo primero que hice fue
conocer a la señora que me abrió las puertas de su hogar,
me enseñó el valor de cómo los latinos se apoyan aquí.
La señora fue muy linda y convivimos en el mismo cuarto
y compartíamos todo en esa casa.
Fue eso, pero si te refieres al nivel de trabajo,
vine a trabajar vendiendo ollas Royal Prestige, una compañía.
No sé si se puede mencionar.
Ay, sí, nómbralos. Es parte de tu historia.
Me vendía ollas.
Yo vendía ollas de esta compañía que se llama Royal Prestige.
Entonces ahí te pagan por comisión.
Así que mi primer trabajo era si tú vendes, te pagamos.
O sea, yo traje un dinerito de República Dominicana.
Se me acabó muy rápido.
Tú sabes que en este país se acaba el dinero muy rápido, muy rápido.
Yo tuve como unas tres semanas que ok, con lo que traje está bien,
pero ya luego tenía que vender o vender.
Y me daba pena vender.
Y aparte, vender por comisión es como que Dios te acompaña.
Si vendes, ganas.
Si no vendes, no tengo para comer.
Entonces sí fue como que duro.
Vendía ollas, paraba gente en la calle para que me dieran la oportunidad de ir.
Y era así, así tipo entrevista, tratar de vender.
Y me terminaba siendo amiga de todo el mundo, pero no vendía.
Y te lo juro.
O sea, pero dime que te invitaron a comer a su casa.
Entonces por qué?
Y me agarraban cariños las señoras también,
pero me quedaba escuchándole toda la vida lo que hacían.
Y a veces yo hasta saboteaba la venta porque ya me daba cosita
venderle, por ejemplo, a la señora que ya era como que mi amiga.
Y yo no voy a que Dios ya no me compre.
O sea, yo vivía, lograba vender ya cuando tenía el agua hasta el cuello,
que yo decía bueno, linda, tienes que vender porque si no hay que pagar
el cuarto donde vives, quedan unos 150 dólares o algo así o 120 dólares.
Yo me acuerdo algo así.
Y tienes que comer.
Entonces ahí era cuando bajo presión tenía que vender y vendía.
Mucha gente le ha ido bien en ese negocio, pero en ese momento de mi vida
yo no era tu fortaleza o yo no era para nada buena vendiendo.
Quién me llevó a nuestra belleza latina?
Belleza latina.
Yo creo mucho en que ya como que Diosito sabe, tiene su plan contigo
y por eso, bueno, ahorita te hablaba de fluir.
Yo voy como si se me ocurre algo, voy por ahí porque Dios sabe.
Dios maravilloso, obra de manera maravillosa.
Entonces yo imagínate que a esa casa que yo llego, donde esa señora
que yo no conozco, que nunca he visto en mi vida, que ella me abrió
las puertas de su casa.
Ella era fan del programa de nuestra belleza latina 2010,
donde gana Ana Patricia, que año después terminando,
terminaba siendo compañera de trabajo.
Mirate, se le pone la piel de gallina.
Y ella me dijo Ven, siéntate aquí conmigo a ver este show, que es buenísimo.
Unas niñas que viven en una casa y no sé cuánto.
Cuando yo veo ese programa, yo digo.
Pero si este es el atajo a todo lo que yo sea.
Este es el callejoncito que me va a llevar a todo lo que yo quiero en la vida.
Y me metí a investigar que era nuestra belleza latina.
Y vi cuando vi los requerimientos, decía que uno tenía que ser
residente de este país.
Entonces yo dije Bueno, pues como que ahora no va a poder ser
porque ya yo tenía mi intención.
Tú no estabas legal aquí.
O sea, yo entré legal, yo entré con visa, pero yo me iba a quedar.
Y si no quedaba, pues ya no tenía visa, ya estaba ilegal.
Entonces por unos años estuve ilegal en Estados Unidos
y por esa razón yo no pude entrar a nuestra belleza latina.
Entonces como que yo dije y ya lo vi justo.
O sea, te está hablando que llegué el viernes y el domingo
la señora veía el show y entonces fue raro porque yo dije
es que esto es todo lo que quiero.
Pero sin embargo, tuve que esperar unos cinco años para poder ir.
O sea, tú te viste allí.
Tú dijiste Eso es lo que yo quiero.
Y yo dije que esto es todo.
Este es el camino, la realización de todo lo que yo quiero.
Y después entonces ya después residente.
Después la vida me llevó por otro lado a mí.
Eso como de belleza latina lo dije, lo vi en ese momento,
pero como que se me olvidó porque la vida se me empezó a poner difícil.
O sea, tenía que trabajar porque ya me tuve que resignar
que yo no era buena vendiendo y de verdad me estaba muriendo de hambre
a trabajar como mesera.
Entonces cuando yo empecé a trabajar como mesera, mi vida cambió.
Ya yo iba al salmón, ya yo se mandaba mi dinerito a mi mamá todas las semanas.
Ya yo me sentía como que estable, en control.
Pagaba mi paga y mi renta todo y me iba bien
porque todo el mundo quería en el restaurante yo la atendiera.
Me decían flaca que me atienda a la flaca.
Yo me sentía soñada y la gente.
Yo pasé tanto trabajo para conseguir dinero que yo empecé a trabajar ahí.
Todo el mundo como que me daba dinero.
Yo decía Diosito, pero hay que gracias.
Todo el mundo que me atienda a ella, que chévere me siento contigo
porque si aprendí desde muy temprano que uno lo que sea que uno
uno lo tiene que hacer bien.
O si yo le daba mi corazón y alma a ese trabajo y me encantaba,
pero yo me sentía la reina de ese restaurante hasta que un día ya no.
Ya me dejó de.
Me dejé de sentir igual.
Vamos a decirlo así.
Y siempre lo digo, mis sueños me empezaron otra vez a tocar la puerta.
O sea, como que ok, que estamos bien aquí.
Ok, que eres la reina del lugar.
Ok, que ya tu familia los puedes ayudar, pero no te olvides de tus sueños.
Entonces empecé como eso me me llevó a hacerme
como preguntas existenciales.
Y yo me convertí así como que la fastidiosa del restaurante, como que
cómo te ves de aquí en los próximos cinco años que la pregunta
como que una botella de vino y vamos a hablar de eso.
Eso no es como que tú se lo pregunta a la gente así de repente.
Si yo empecé como que hacerme ese tipo de preguntas y y dije caray,
pero es que yo soñaba con hacer eso.
Es que yo puedo.
Es que es graciosito por este trabajo.
Pero y volví a ver en la tele nuestra belleza latina.
Yo o sea, yo estaba ahí, vi en la tele otra vez nuestra belleza y dije
Oh my God, yo creo que es el momento.
El año que lo vi dije tengo que hacer un arreglito,
tengo que trabajar en mí y todo.
Y el año siguiente me presenté.
Y bueno, y la sorpresa incluso para mí fue que gané,
porque yo nunca pensé que iba a ganar el programa.
Por qué?
Porque yo no era tan fanática de concursos de belleza,
con todo respeto, porque usted es una reina de belleza.
En general, no era fanática.
En serio, yo nunca sentí que era un tipo de belleza para eso.
O sea, eso estaba muy lejos como de mí.
Yo no sentía nunca que tenía ni características ni nada
que pertenecieran a una reina de belleza como tal.
Pero lo atractivo para mí de belleza latina es que yo veía que era
era como una.
Si era como una especie de.
Era un concurso, pero te daba la oportunidad de mostrar muchas cosas.
Tus talentos de una manera diferente.
Era como una sola noche que ves y no era una convivencia
que la gente podía ver más cosas.
Y yo vi de ti más que un noventa, sesenta, noventa que nunca.
Más que de lo físico, yo sabía que la gente tenía la oportunidad
de conocerme a mí y también de ver lo que yo era capaz de hacer.
Y si yo bien no me sentía parte, digamos, de un estereotipo de belleza.
Para eso yo sí sabía que yo era talentosa.
Por otra cosa, yo sabía que a mí tú me suelta con la que tú quieres un escenario.
Yo decía y vamos a ver ahí me la llevo.
Entonces yo tenía.
Pero tú entraste bastante segura.
Sí, pero porque quería un trabajo.
Yo no quería la corona y yo decía la corona no la voy a ganar,
pero un trabajo segurito que un trabajo voy a conseguir.
Y si no conseguí el trabajo, unición también ya tenía mi plan
y me daron unos cuantos retos, consigo un dinerito y me voy para México
y como quiera voy a ser actriz.
O sea, ya estaba todo medido.
Tú lo que necesitaba y querías era exponerte, que te vieran, que me vieran.
Por muchas razones quería primero mi historia.
Yo decía es que si yo comparto mi historia, esto puede servir,
puede servirle a mucha gente.
Y si tú quieres, Diosito, me encantaría ser vos para eso.
Y cuál es tu historia?
Porque tú vienes de un hogar
humilde, muy humilde en República Dominicana,
cómo, cómo fue tu infancia?
Muy difícil.
Mi infancia fue una infancia difícil.
Mi mamá me regañó.
No le gusta que yo diga esas cosas, pero es parte de mi historia.
Como tú dices de te recuerdo muy pocos momentos como de pura felicidad,
como deben vivir los niños, sabes?
Porque fue duro, porque mi mamá se casó con otro señor que no era mi papá.
Mi papá falleció cuando yo tenía cinco años, pero el señor, siempre lo digo,
él era buena gente, pero tenía esta enfermedad del alcoholismo.
Entonces eso, cuando ya son esclavos de eso.
Si es una enfermedad, es una enfermedad muy fuerte
y eso nos hacía la vida de cuadritos.
Entonces eran necesidades a nivel económica
y también que muchos problemas que sea pobre de mi mamá,
que yo le digo a ella, tú no sabes cómo yo te admiro,
pero yo no sé cómo tú pudiste y cómo tú lo hiciste.
Pero o sea, en tu casa había maltrato.
Tú lo que me hablas de maltrato.
Sí, era maltrato, eran gritos, era salir a correr.
Teníamos que correr en una noche porque el señor llegaba borracho
y mi mamá para cuidarnos y protegernos.
Bueno, mejor vámonos.
Era como que mucha ansiedad y mucho corre, corre y mucha necesidad.
Entonces yo.
Cuántos hermanos?
Bueno, yo tengo una.
Yo tengo de padres, de padres, tengo como nueve hermanos.
Ok, pero el que falleció, el que falleció.
Pero en la familia, como tal, un hermano de padre y madre.
Y mi mamá crió también a una prima que es mi hermana mayor
y crió a un hijo del señor con el que vivíamos.
Entonces éramos, éramos cuatro, cuatro, cuatro, cuatro.
El chiquito, sea el hijo del señor, se agregó después,
pero era más nosotros tres, mi hermana grande, mi hermano y yo.
Y mi mamá tuvo que hacer todo, pelear con uñas y dientes
para podernos dar de comer, para podernos proteger del caos
en el que nosotros vivíamos.
Y de hecho, de la sabiduría de mi mamá con tan poco,
pero una mujer tan sabia.
Yo creo que en lo del humor se lo debo a ella
porque era la manera en como ella trataba
de que no nos dañáramos tanto a hacer comer.
Y era como hacer vamos.
Ayer se rompieron cuántos, no sé cuántos platos y fue horrible.
Y ella empezaba y le daba la vuelta a esa escena tan fea
y ella la trataba de convertir en risa.
Entonces eso de cierta forma, no sé si está bien o mal,
pero a mí me dio una manera de como que siempre darle la vuelta
a las cosas negativas que pasaban y como a morirme de la risa
o claro, ¿qué pasó?
Entonces, ¿ahora qué voy a hacer?
Entonces eso se lo debo, se lo debo a mucho a mi mamá,
porque es que nos burlábamos de luego.
Ella trataba de que nos burláramos
de lo horrible que había pasado, por ejemplo.
Lo que estaba tratando tu mamá era hacer que olvidaran
ese momento.
Fíjate que tú me lo cuentas ahorita, se me pone la...
Y tú que eres mamá lo sabes, todo lo que hacen las madres
porque sus hijos tengan una vida bonita,
aunque de repente alrededor el entorno no ayude a eso.
Yo creo que ahorita me estaba echando el cuento.
Me imaginé a tu mamá en ese momento y me vino a la cabeza
una película italiana, no sé si te acuerdas, La vida es bella.
Sí. Estaban en la guerra y cómo le enseñó.
Lo protegió.
Sí, y le hizo ver que todo era como un juego.
Y él tenía, ¿sabes?
Mientras estaban en un campo de concentración.
Entonces, qué bella tu vieja.
Sí. ¿Dónde vive tu mamá?
Ahora mismo está conmigo.
Ya está contigo. Sí.
Pero ¿cuánto tiempo?
Por ejemplo, tú te viniste para acá y tu mamá se quedó todavía
casada con ese señor.
Mi mamá se quedó allá casada con él.
La situación para ella era igual.
Yo obviamente tenía mucha hambre de irme y eso
precisamente para eso, para poderla liberar,
porque muchas veces de las conversaciones que tuve con mi mamá,
que eso me marcó mucho
y tiene mucho que ver con mi independencia como mujer,
es que mi mamá me decía es que cuando tú tengas hijos vas a entender.
Y es que mi mamá tenía como cierto temor de que ella solita no podía
y que por eso tal vez ella podía como que tenía que aguantar
todo lo que aguantaba de esa persona por, sabes, como por por nosotros.
Entonces yo decía, pero ¿cómo que por los?
Pero mami, por favor, pero déjalo,
porque yo puedo ayudar, yo puedo trabajar y me frustraba
porque mi mamá decía, pero tú chiquita, ¿de qué estás hablando?
Si tú no sabes de la vida, tú concéntrate en estudiar
o en hacer tus cosas, que yo me encargo de eso.
Entonces para mí, yo siempre crecí también con la idea de demostrarme
que yo podía hacer las cosas como que sola.
O sea, ojo, yo amo estar en pareja, yo amo mi esposo, yo amo todo.
No es que voy a estar sola por la vida, no así, sino en que siempre yo
solita si me toca, puedo sin tener que aguantar
tal vez ciertos maltratos o ciertas cosas por otra persona,
porque necesito, a eso es a lo que me refiero.
Entonces mi mamá me pasó como que todo ese coraje.
Yo siempre me animaba cuando me vaya, cuando cuando pueda,
cuando ella ya no tenga.
Yo me fui, ella se quedó allá con ese señor, pero luego lograron separarse.
Él de hecho ya murió.
De verdad que descansen más porque fuera del alcohol.
Él era bueno conmigo, pero el alcohol lo convertía en un monstruo.
Sabes, entonces él falleció y todo, pero igual ya
mi mamá se quedó allá en una vida humilde.
Mi mamá es profesora,
pero siempre yo sabía que Dios me iba a dar la manera
y me iba a enseñar el camino para ayudarla, porque
fue como siempre pedí todo.
Tú eres una de esas historias que habla de que de un lugar difícil
este, o sea, tú no tienes que seguir viviendo,
sigues viviendo con ese lugar difícil donde creciste,
pero tú puedes romper eso.
Sí, y que lo pedía tal cual cuando oraba.
Yo decía permíteme, por favor, Diosito, romper con con estas cadenas
de como de miseria y hablo de miseria en todos los sentidos,
como de carencias, vamos a decir como permíteme, por favor,
que a partir de mí, mi sobrino, mi hermano, todo sea diferente,
porque dentro de lo que mi mamá pudo, ella nos avanzó un poquito.
O sea, porque la cosa, si me voy para atrás,
viene de situaciones mucho peor de la que yo viví.
Viene mi pobre madre y todo lo demás, ¿sabes?
Pero yo decía entonces permíteme, Diosito, avanzar,
encaminar un poquito más mi generación.
Dame fuerza, permíteme, por favor, romper con eso,
porque yo no quiero esa vida para mis hijos.
Yo no quiero esa vida para mis sobrinos.
Entonces yo la pedía igualito, igualito como tal.
Y Diosito me escuchó, porque Dios escucha.
Absolutamente, absolutamente.
O sea, Él responde, pero a lo mejor no te manda lo que tú quieres en ese momento,
porque también hay que saber esperar.
Bueno, tú esperaste como seis años para nuestra belleza, para poder entrar.
Pero hablamos de que esas cosas que yo le pedí a Dios
es que tengo como 12, 13 años.
Y mira todo lo que está a los 21 años y a los 25
es cuando tengo la gran oportunidad de nuestra belleza latina.
Fíjate, yo sé, porque yo en una oportunidad traté de contactarte
y alguien me dijo, no, ella es muy tímida, no le gusta hablar mucho.
Imagínate, mira tú, en una cotorra.
¿En qué momento comenzaste tú a sentir esa seguridad en ti?
A mostrarte, porque yo quería en este episodio particular
hablar de la aceptación de uno mismo.
¿Cuándo comenzó en ti esa seguridad?
A tal punto que hasta físicamente te has aceptado a ti misma.
Empezaste a usar el cabello que Dios te dio, no el que te dan en la peluquería.
No, y nunca en la vida me había sentido más bella como me siento ahora.
Que bien, eso es lindo, ¿ves?
Nunca en la vida.
Ahora yo siento que mi cara, mi físico, mi nariz, mi sonido,
como que todo corresponde, como que hay una armonía en mi belleza.
Ahora es cuando más bella me he sentido en la vida completa, te lo juro.
Y ojo, no tengo nada en contra del cabello láser,
no es que nunca tal vez me voy a hacer un buen blower dominicano
y voy a salir con mi pelo láser.
Sí, porque los dominicanos son lo máximo.
Bueno, y los venezolanos también lo hacen,
pero el dominicano te estira esa, ¿cómo le dicen ustedes? ¿Chicha?
Todo, te estira, o sea, uno queda increíble,
que tú no necesitas alisado ni nada.
Mira, una cosa increíble.
Sí, yo sí digo, no creo que vuelva a hacerme procedimientos
como químicos permanentes en mi pelo para tenerlo de cierto tipo,
pero yo en algún momento no tengo una guerra en contra del pelo láser
ni nada por el estilo, pero yo me siento finalmente como que,
Dios mío, todo, todo hace sentido.
¿Qué no te gustaba cuando te veía tal cual como eres?
Bueno, por ejemplo, yo empecé a rechazar mi pelo desde chiquita,
a los 11 años, porque es que no había una referencia de belleza,
no había una referencia que yo diga esto está bien o esto es bonito
y a veces en tu mismo ambiente, por la misma
y como ignorancia, porque la falta de conocimiento
se le ponen apodos a tu cabello, te dicen cosas que hacen que tú,
de cierta forma, bueno, yo no lo quiero tener así,
porque yo no quiero que me digan que mi pelo es feo
o que me ataquen por eso o que no sé.
De cierta forma, yo empecé a desarrollar
como un rechazo a los 11 años, le pedí a mi mamá que me alisaba,
le dije a los 11 años, alísame mami, regálamelo el cumpleaños,
te lo pido por favor.
Mi mamá también, que tiene el pelo como yo
y que se ha alisado toda su vida, todavía está el sol de hoy
y que todavía ella misma me dice cuándo te va a hacer un blow up y te va a...
Yo mamá, usted no ha entendido nada de lo que...
No ha entendido mi mensaje, mamá.
No ha entendido mi mensaje, sí, terrible que son las mamás,
pero o sea, ella misma me dijo claro y me alisaron y yo divina,
o sea, es que es la única forma que yo identifique en sentirme bonita
y en sentirme de cierta forma como que aceptada,
porque yo voy a hacer las cosas también para recibir algo de los demás.
Entonces te haces algo y todo el mundo, ay, qué bonita, qué bonita,
que te empiezas a tener cierta atención, entonces es interesante.
Claro, pero en este caso, yo sé que hubo mucha gente que te criticó, incluso...
Ah, ¿cuándo lo hice, cuando me corté el cabello?
Cuando lo hiciste, cuando empezaste a dejarte eso,
lo que tú eras y a mostrarte como tú eras.
Sí, o sea, es que es algo que yo hice para sanar, digo yo, mi niña interior,
que de hecho fue así que lo hablé y todo en Despierta América y me da mucha risa
porque pensaron que fue algo que uno hizo como que party, que ratings y como...
Mucha gente lo llevó por otro lado tan negativo
cuando en realidad era un regalo a mi niña, a mi niña interior.
Yo le quería hacer saber a mi niña interior que llegamos hasta este punto
y que teníamos la seguridad y los pantalones también puestos
para poder aceptarlos y que el mundo lo viera
y que ya no te molestaba lo que dijeran y que ya no me importaba.
Viviana, después que yo di a luz, después que yo parí,
es que no me importa cómo la gente como que me vea,
porque lo más importante que yo reconocí es cómo yo me veo
y el superpoder que tiene uno para atraer a una gente al mundo
me hizo cambiar a mí todo.
Yo digo, o sea, si yo pude empujar a un muchacho para este mundo
y poderlo mantener con vida y poder ser un ejemplo,
o sea, yo puedo con todo en la vida.
O sea, como que ya no...
Yo decía yo no necesito una aprobación de cómo me veo.
La única aprobación que yo necesito es mi propia aprobación
y yo me apruebo así, porque así fue que Dios me mandó y así
y por aquí, por este camino me voy y así fue que lo hice.
Muchas veces la gente critica en otro lo que trae por dentro.
Esa persona.
Y entonces canalizan mal esa ira
y la arremeten contra ti en algo que es
que ellos tienen dentro y son ellos los que tienen que trabajarlo.
Sí, no tú que la recibes.
Y yo ciertamente aprendí eso justo después que gané nuestra belleza latina.
Sí, sí, porque recibí muchas críticas que me afectaron mucho en ese entonces.
Y cuando de la manera que me afectaron
y como tuve que recurrir a mi mamá y a mi familia,
alejarme un ratito de las redes sociales, yo aprendí eso.
Yo aprendí cuando regresé y tomé el control.
Aprendí que la gente ve lo que tiene dentro.
La gente no está bien, o sea, no tiene nada que ver conmigo.
Las opiniones negativas ni nada.
Yo estoy clarísima, clarísima en eso.
O sea, ya me pasó en la belleza latina.
Me pasó cuando lo del cabello, que le doy ese regalo a mi niña anterior.
Que tantas mamás, no tienes idea.
Los mensajes que me enviaron agradeciéndome que qué bonito,
porque sus niñas, por ejemplo, que tenían el cabello rizado,
de cierta forma los rechazaban y que ahora ellas podían decirle a su hija
Mira, mira qué bonito es tu pelo.
Mira que está esta persona en televisión haciendo lo mismo.
O sea que ya de verdad yo tengo como como decía ahorita tuya carnita.
Como si tienes curtida la piel.
Sí, con una capa así.
Porque es que si uno se la pasa por la vida tratando de aclarar
y convencer a todo el mundo de que piense como tú,
eso nunca va a pasar.
Eso es una batalla perdida.
Entonces yo creo que lo más importante es estar clara en quién eres,
qué estás haciendo, en tu verdad, adónde vas.
Y eso es todo, Viviana.
Cuando tú estás claro, el que está ahí lo ve
inmediatamente, eso se siente.
Mira, esta persona es eso y es auténtica y esto es lo que de verdad ve
que tu esposo, que no tiene nada que ver con el medio, verdad?
Francisco se llama Francesco, Francesco, bueno, Francesco, Francesco.
Cómo se conocieron ustedes?
Y en qué momento de tu vida estabas cuando apareció Francesco?
No, lo conocí en un salón de belleza.
Tú puedes creerlo.
Estaba alisando el cabello.
Me estaba poniendo extensiones.
Ay, qué cómico, qué cómico.
Porque yo soy de que mis extensiones hasta aquí, hasta por aquí,
que me tocaran aquí esta parte de la cintura.
Me estaba poniendo extensiones, le estaba cortando el cabello.
Y así es cuando yo lo conozco.
Porque mira, las extensiones y el alisado no me regalaron algo, algo.
Me trajeron a alguien.
Príncipe, príncipe.
Pero lo conocí ahí porque él se cortaba el cabello con esa chica
que era nuestra amiga como en común.
Y ahí lo conozco y hablo con mi amiga.
O sea, mi amiga, cuando él se va, me dice este es el este es el muchacho para ti.
Es que él es divino y tienes que saber de qué familia y no sé cuánto.
Y me empezó a hablar de él como que era.
Ella veía mucha afinidad a pesar de que éramos
de una cultura diferente y yo de otra.
Pero ella decía es que ustedes como que de alma, de valores y de cosas
se presentan tanto que tú deberías conocer.
Ay, qué lindo.
Entonces fue ella quien te lo dijo.
Ella fue la cupido.
Entonces un día arreglamos una cena
justificándolo, o sea, con el cumpleaños de ella.
Y yo vi a Francesco y yo dije él es mi esposo y él no lo sabe.
O sea, este es este es este caballero,
porque lo primero fue caballero de esperar
afuera al restaurante de abrir la puerta de que o sea que me maravilló,
que era algo que yo no había visto antes y yo dije Oh my God,
este hombre es el que yo te pedí Diosito y aquí está mi esposo.
Nos sentamos en la mesa, después le hablaba inglés y yo español.
Él hablaba medio medio ahí español,
pero no estaba tan fluido en el momento que lo conocí.
Pero se sintió como una energía de que yo sabía que él era
que él era el papá de mis hijos.
Y él después ya cuando cuando conversaron más,
él también sintió lo mismo.
Ese momento, ese día, ese día.
Sí, o sea, no lo cuenta como nosotras las mujeres,
lo ponemos todo muy como rosadito, lindo, precioso,
como que uno hace todas sus películas, sus cuentos de hadas.
Pero él sí me dice que él supo también que sí, que yo era
porque él sabía, me dijo, yo sabía que me iba a casar con una latina.
Yo sabía, o sea, yo tenía eso en mi corazón.
Y cuando yo te vi y cuando vi cómo, o sea,
cómo me compenetré con su madre y todo, él dijo ella es.
Tú sabes que los italianos son muy, sí, que la mamá.
Si no, no, no la mamá.
Sí, sí, la mamá es la familia.
La familia es muy importante para ellos y todo.
Entonces sí, yo creo que nosotros nos reconocimos
en que tú eres para mí, yo sé.
Las almas se reconocen, las almas se reconocen.
Es verdad, qué bonito, tú lo dijiste más bonito.
Sí, bueno, pero finalmente es eso, las almas se reconocen
y lo que vienen a hacer aquí, eso, eso es bellísimo, eso es hermoso.
Ustedes tienen dos hijos.
No, son niños.
Tomando en cuenta lo que tú has experimentado solita
en tu infancia, en tu casa,
ya después viniendo a Estados Unidos solita y echándole pichón, como se dice.
Cómo enseñas a tus hijos que no repites
en la crianza de tus hijos que tú sí viviste?
Yo, yo siento que cuando uno nace, ahora lo veo obviamente
como dice con mis hijos, uno viene como con cierta seguridad
que a veces en tus circunstancias, tu ambiente, tu ambiente
te la puede ir quitando, sabes?
Entonces yo soy muy cuidadosa en la seguridad que les regalo a mis hijos
en ellos mismos.
Trato de criarlos de una forma que no tengan que
como que dudar ni un minuto de las decisiones que ellos tienen que tomar.
Trato de que tenga una infancia muy feliz.
Trato de que sí, obviamente, de que todas, de que no repitan
mis mismos errores, de que no repitan mis mismos traumas,
de que no tengan mis mismos complejos ni nada.
Y es muy chistoso hablar de eso, porque
a veces la gente piensa que por todo lo que yo he logrado
y por estar en Despierta América y cómo gané nuestra belleza latina,
es como que si yo no tengo miedos o o complejos.
Lo digo porque ayer una señora me escribió que yo siempre vivo
muy conectada con mi gente en redes sociales y ella dijo como que
a raíz de Controversy, cómo se sacan las cosas de contexto por ahí?
Ella me dijo
necesitamos verte como que segura y hablaba como de algo así.
Entonces yo decía que sí, como que si de cierta forma
nosotros te vemos como segura, como que vas por todo,
que necesitamos verte siempre así.
Y yo le digo a la gente que no es yo todo lo que he hecho en mi vida.
Yo lo he hecho con miedo,
pero la diferencia es que yo me he atrevido a hacerlo con miedo.
No es que yo soy un superhumano que no le da miedo a nadie, que va con todo.
Yo siento mi miedito en mis cosas y que eso hasta lo he hablado
cuando he tenido la oportunidad de estar en mis conferencias y cosas.
Yo he sentido el miedo, pero yo no dejo que el miedo me paralice
y yo sigo adelante.
De cierta forma, yo trato de enseñarle a mis hijos
que el miedo lo pueden usar a su favor, pero que tengan esa seguridad
y que no permitan que nadie nunca los haga ni tambalear,
ni dudar de quiénes ellos son ni de lo que pueden conseguir en la vida.
Entonces yo soy así como que tipo mamá que le hace llenar o repetir mantras,
que si le trato de cuidarle mucho sus emociones.
Ojo, mantengo lo de su chancletacito
y su cosa también firme que me dio mi mamá, pero de la educación
y de la crianza que me dio mi mamá, yo le doy lo que yo entiendo que funcionó
y lo que a mí me hubiera gustado que mi mamá tal vez hubiera hecho diferente.
Pero hago como que el balance sin irme a un extremo,
pero el regalo más grande que yo le quiero dar a Yanaro y a Franco
siempre es esa seguridad titánica
que nadie nunca nos haga dudar de ellos mismos,
porque yo he tenido que irla construyendo con la vida
y yo quiero que ellos construyan, pero a partir de algo más fuerte.
Tú sabes que dijiste algo ahorita que uno viene quizá con una seguridad
y la vida o lo que vas atravesando te la va quitando.
Sí, y de repente te conviertes.
Hay momentos de la vida.
Yo también me recuerdo por momentos así.
O sea, yo digo, pero eras un manojo de inseguridades.
Sí, sí.
Y uno de ellos te siente inseguro.
Empieza a hacer cosas que que no tienen nada que no tienen que ver contigo.
Totalmente.
Entonces es es que se te van pegando.
Y te decía por qué?
Por ejemplo, tú ves a un niño.
Tú eres mamá también.
Cómo son los niños?
Piden las cosas que tienen que pedir sin problema.
Ellos te dicen, por ejemplo, ahora llenado.
Yo veo que yo quiero ir a este cumpleaños con esta ropa y es una ropa
que es una combinación terrible,
pero ellos se sienten que así que ellos quieren ir
porque tienen la seguridad de eso.
Los niños te ponen incluso hasta límites como no, no quiero hacer eso.
Y lo hacen con una libertad.
Y quién empieza a quitarla?
Uno mismo como madre, como madre.
Si yo me observo mucho.
Lo hace por no, porque muchas cosas que mi mamá tal vez me pasó,
pero yo lo hacía que me hacía para.
Ella pensaba que me protegía, claro, pero
pero tal vez no tanto.
O sea, tal vez me regalaba otras cosas que me pegaba a otras cosas
que no me iban a ayudar mucho después.
O sea que como mamá trato de ser muy juiciosa con eso,
porque yo sé que que ellos repiten solo un espejo y yo voy a llenar.
Yo digo es que así es que yo sé.
Yo sé que así fue que yo nací, porque yo toda la vida,
a pesar de que en mi circunstancia y todo me decía lo contrario.
Dentro, dentro yo sabía que yo podía hago mucho más.
Y como que yo, pero que yo tengo como una fuerza y una cosa dentro de mí
que no tiene nada que ver con esto que yo estoy mirando,
que es lo que está pasando.
Entonces yo he tenido que ir con la vida como que destapando,
destapando, destapando, destapando y hasta reconocerme.
En qué momento sentiste tú que realmente te reconociste frente al espejo?
Y qué te dijiste?
Cuando me hice mamá, porque cuando yo me hice mamá,
yo ahí no tenía ni extensiones, ya estaba bien subida de peso.
O sea, yo me vi como de una forma que nunca,
jamás en la vida me hubiera imaginado estar y una forma incómoda para estar.
Pero pude ver la fuerza que yo tenía como ser humano,
el amor que me regalaron, o sea, como el amor que me regalaron mis hijos.
Yo me sentí invencible y me sentí invencible cuando
era la peor condición, digamos, como que empillaba mi cabeza toda mi vida.
Exacto. Entonces como me sentía tan poderosa, como entonces dije
es que eso viene de adentro, eso no tiene nada que ver con lo que está afuera.
Entonces por qué tener miedo, digamos, a lucir tu cabello como es?
Porque esas cosas, eso ya pasa a un plano que o sea,
eso pasa a otro lugar de la lista.
Esas cosas ya no tienen que ser importantes.
Entonces mis prioridades cambiaron y pude.
Siempre, siempre he sabido que soy valiente,
pero pude entender mucho más mi fuerza y mi valentía
y mi poder cuando me dice mamá, me dejaron de importar muchas cosas.
Una cantidad de cosas y me dicen que a medida que pasa el tiempo
y que uno se pone mayorcito y que toda la cosa se pone mejor,
o sea, te importan menos, te importan mucho menos.
Y ahí es que la cosa se pone, se pone buena.
Mira, yo tengo este espejo porque para mí
uno de los momentos más difíciles en el ser humano
es cuando se para frente al espejo,
porque tú te hablas a ti todos los días
y dependiendo de cómo estés en la vida,
te dices cosas amables o no.
Y eso es algo que de repente es muy tuyo.
Pero pero bueno, pasa, pasa.
Entonces yo traje un espejo porque en esta etapa de tu vida,
que yo creo que ya te hablas en forma amable y bonito.
Yo quisiera y es un ejercicio que ustedes pueden hacer en la casa.
Párense frente a un espejo y díganse cosas amables.
Yo quiero que tú le digas a la Francisca de antes, a la de antes,
cinco cosas hermosas que tiene la Francisca de ahorita.
Bueno, ya hablo mucho con mi Francisca de antes.
Sí, claro, he aprendido a hablarle, o sea, de una manera hermosa
y yo le hablo mucho la que estoy muy orgullosa de ti.
Me encanta cómo eres.
Eres hermosa.
Eres muy fuerte, muy valiente.
Ya dije más de cinco.
Puedes decir más.
Puedo decir más.
Eres muy valiente, eres hermosa.
Eres una gran persona, un ser humano.
Eres muy talentosa y no hay nada en la vida
que quieras que no lo puedas conseguir.
Te quiero, Francisca.
Gracias, mi amor.
Qué linda, mi amor.
Mira eso, eso es tan bello, el reconocimiento.
Y yo te entiendo porque también ahorita
tus hijos vienen de un hogar más privilegiado.
Pero vienen también con una mamá más evolucionada
y ellos tendrán sus propias cosas y sus propias inseguridades.
Pero que no tengan los míos, que tengan los propios.
Ya, ya veremos con cuáles, con cuáles cosas de ellos lidiamos.
Pero sí, gracias a Dios que escuchó mis oraciones.
Gracias a Dios que me ha dado la oportunidad de vivir una vida
mucho mejor de la que yo soñé.
Soñaba con cosas grandes, pero la verdad que a él se le fue la mano.
O sea, de él me dio lo que le pedí y más, y más, y más.
Y te lo bregaste.
Y lo trabajamos bien duro, sí.
Y seguimos trabajando.
Y seguimos trabajando porque en este proceso de crecimiento
y de transformación personal no para.
Yo le voy a dejar a usted, me voy a despedir con el espejo en la mano
porque quiero que ustedes busquen uno en su casa
y se vean a los ojos solita y se digan
me gusta.
No se digan lo mal.
Díganse lo bonito.
Háblense bonito.
Me gusta esto de ti.
Fulano o fulano, porque esto me aplica a los hombres.
Me gusta cómo eres.
Me gusta tu pelo.
Me gustan tus ojos.
Me gusta tu boca.
Me gusta tu sonrisa.
Qué te gusta de ti mismo y acepta.
Es un proceso que toma su tiempo.
Sí, de todos los días también.
De todos los días, pero que trae beneficio maravilloso.
Sí, y querida, gracias.
Me saludas a tu esposo, que no lo conozco, sino como Rebe.
Un beso a tus príncipes.
Gracias por haberme acompañado.
Gracias a ti, de verdad, que es un honor.
De verdad que no me hubiera imaginado estar sentada
teniendo una conversación contigo.
Te admiro y te quiero mucho.
Ay, yo también. Yo también a ti y a todos los dominicanos.
A través de Francisco le mando un beso muy grande.
Ustedes saben que los quiero.
Y bueno, si llegaste hasta acá, pues bueno, ya sabes de qué tratan
mis entrevistas y que usted se suscribe por aquí.
Le da like y le comenta cosas bellas a Francisca.
Y échame unas cuantas para mí también.
Yo tal vez estas horas, estas horas.
Beso, mi querido.
Hasta el próximo episodio.
Bye bye.
Presentado por la Internacional de Seguros.
Tu tranquilidad en buenas manos.
Digital.
Lo digital, lo hacemos más humano.
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