El David de Donatello

Donatello
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Soy Antonio Vicente.
Hay obras que trascienden su propia realidad para convertirse en paradigmas de una época
o un estilo.
Este es el caso del segundo David de Donatello, que inicia el proceso de experimentaciones
e innovaciones que conformarán la escultura del 480, que no del Renacimiento, término
aplicado erróneamente al siglo XV desde el siglo XIX, como argumentaremos en el próximo
vídeo, el arte del 480.
Para el análisis del David nos centraremos en dos aspectos, la creación de la iconografía
del Efeu, inspirada no en el arte grecorromano, desconocido entonces, sino en la literatura
clásica tan de moda entre las élites culturales del humanismo del siglo XV.
En segundo lugar, en su composición exenta y novedosa, condicionada por las investigaciones
y aportaciones teóricas, especialmente de León Bautista Alberti.
Donato di Nicolo di Betobardi nace en 1386 en Florencia, hijo ilegítimo de un cargador
de lana, su baja extracción social, así como la férrea estructura gremial de los
talleres artísticos de entonces, le moldearon un carácter individualista y competitivo,
que le llevó, como a casi todos sus contemporáneos, a no divulgar sus logros y experiencias en
escritos o tratados de arte.
Benigno, cortés y humilde, lo define el Vasari, que en 1403 lo cita como oficial ayudante
de Ghiberti en la realización de las Segundas Puertas del Batisterio, con salario tres veces
mayor que otros ayudantes como Masolino, Paolo Uccello o Michelotzo.
Fue amigo de Brunelleschi, de los que se decía que el uno no podía vivir sin el otro, acompañándole
en su viaje a Roma en 1404.
Allí se dedican a rebuscar entre trozos de capiteles, columnas y entablamentos, dice
el Vasari, aunque León Bautista Alberti afirma en De Statua que fueron a buscar esculturas,
citando Antonio Manetti, biógrafo de Brunelleschi.
Sin embargo, el vulgo les tomó por buscadores de tesoros, tras encontrar una vasija de monedas,
lo que demuestra el escaso interés social por el descubrimiento de los restos clásicos.
En 1407, los aires de Roma enferman a Brunelleschi y, de vuelta a Florencia, Donatello, avisado
por un amigo, se desvía a Cortona para ver un hermoso sarcófago antiguo del siglo II
d.C. que contenía un relieve en mármol representando a Dionisio repeliendo a las amazonas en Éfeso.
Tan extraordinario era el descubrimiento de un sarcófago romano, que el mismo Brunelleschi,
avisado por Donatello, viaja inmediatamente a Cortona para hacer un dibujo a lápiz del
mismo.
En 1408 recibe el encargo de una estatua de David en mármol para la catedral de Florencia.
Su éxito le abre el camino al año siguiente para esculpir el San Jorge de Orsan Michele.
Es probable que Cosme de Medici, un año después de su vuelta del exilio en 1434, le encargara
un nuevo David, de tamaño natural, para su nuevo palacio Medici de Vía Larga, convirtiéndose
de este entonces en sus mecenas.
La primera referencia documental de la obra es de 1469, en una crónica sobre los festejos
del desposorio de Lorenzo de Medici y Clarisa Ursini, situándola en el patio principal
del palacio.
Para entonces, Donatello, al igual que Brunelleschi, encarcelado por negarse a pagar las tasas
del gremio de arquitectos, ya había renegado de su cualificación de artífice gremial,
reivindicando la categoría de artista que defendía León Bautista Alberti y que les
equiparaba con los humanistas.
Es reveladora la anécdota que relata el Vasari a propósito de un busto que un mercader genovés
le encarga por mediación de Cosme de Medici por valor de 50 florines de oro.
El mercader, al ver el busto, arguye que le parece demasiado caro, puesto que aquel trozo
de mármol lo había ejecutado en apenas un mes, por lo que pretendía cobrarle más de
un florín por cada día de trabajo.
Encolerizado, Donatello tiró el busto por la ventana afirmando que bien se veía que
estaba acostumbrando a comerciar con judías y no con estatuas.
El mercader, convencido por Cosme, le ofreció entonces el doble, pero Donatello, herido
en su orgullo de artista, declinó el encargo.
La estatua representa a David, pastor joven, que recibe el encargo del rey Saúl de enfrentarse
en lucha personal contra el gigante Goliad.
Consigue vencerlo de una pedrada con una onda y, tras cortarle la cabeza con su propia espada,
Donatello lo representa en el momento de la asaltación de su victoria, pisándole la
cabeza con su pie izquierdo.
Tras la caída en desgracia de los Medici en 1495 por la revolución de Sabón Arola,
la signoría confisca la estatua y la coloca en la entrada del Salón de los Lirios del
Palazzo Vecchio, aunque hoy día se exhibe en el Museo Nacional del Barguelo.
El David es el primer desnudo exento en bronce, tuto tondo, en palabras de Don Bautista Alberti,
independizado del muro y de la ornacina, que se hace en Occidente desde la caída del Imperio
Romano, lo que explica algunas de sus características.
El héroe medieval se definía por su acatamiento de la fortuna como voluntad de Dios en lo
conceptual y por una representación esquemática en lo formal.
En el 480, frente a la maniera greca, así es como llamaban al arte tardogótico, algunos
artistas inician una carrera experimental e investigativa para encontrar nuevas formas
expresivas que plasmaran el homonobus que reivindicaba Leon Bautista Alberti.
El problema no era sólo la ausencia de modelos clásicos, sino de un marco teórico que diese
coherencia a las investigaciones de los diversos talleres, pues como ya vimos en la segunda
videoguía de marca Aurelio, los tratados del arte del mundo antiguo sólo habían llegado
al 480, la naturales historia de Plinio el Viejo, prácticamente una lista de obras y
autores, y el de arquitectura de Vitruvio, cuyas catorce copias manuscritas por Pollo
Bracciolini en 1414 apenas tuvieron repercusión en el mundo del arte hasta su edición impresa
en 1486 en Roma.
El primero que intentó crear un nuevo marco teórico fue Leon Bautista Alberti. Su homonobus
se sustentaba en las proporciones perfectas de la figura humana a través de los modelos
naturales sometidos a un análisis racional y científico.
Las artes, escribe a su amigo el humanista Giovanni Andrea de Bussi, bibliotecario del
Vaticano, parten de la casualidad y observación. Su alimento es la práctica y la experiencia,
que llegan a la madurez mediante el conocimiento y reflexión, permitiendo al artista transitar
desde la belleza sensitiva que percibimos con los sentidos a la belleza conceptual entendida
como armonía universal.
Donatello sin duda conocía esta teoría, pues el basáritas El regreso de Leon Bautista
a Florencia en 1434 afirma que compartía tertulia en la plaza del Batisteo con artistas
como Brunelleschi, Donatello y Manteña, entre otros.
El desnudo del David es pues fruto de la observación de la naturaleza, el modelo, sometida al análisis
de la razón y las ciencias, matemáticas y geometría, y de su experiencia como artista.
Desde la caída del imperio romano, la iglesia triunfante del siglo IV había iniciado un
proceso artístico e ideológico para someter el arte clásico al cristianismo.
El Efebo del 480 supone el primer intento de situar el elemento profano no sólo por
encima del sagrado, sino desligado de cualquier adherencia religiosa.
De esta forma, el David simboliza por encima del anhelo de inmortalidad cristiana, la gloria
pagana del clasicismo literario de Petrarca.
El héroe medieval encontraba su destino en el acatamiento de la voluntad de Dios, de
la fortuna.
El Efebo es un héroe como Aquiles, cuya grandeza se fundamenta en su voluntad de enfrentarse
al destino en busca de la gloria.
En su obra Fátum, Neum Bautista Alberti compara al héroe clásico con el nadador que, seguro
y orgulloso de su fuerza, nada en contra de la corriente.
David, orgulloso de su inteligencia, es el nuevo prometeo que derrota al gigante Goliath,
el Fátum destructor.
El Homo Nobis generó dos iconografías distintas.
El guerrero, sustentado en la fuerza física, marcada por el volumen de sus músculos y
con rostro contraído por el furore de la mirada que le impele a la acción, como podemos
ver en el San Jorge de Orsan Michele, en el Coleone de Berroquio o en el David de Miguel
Ángel.
Y el Efebo, este es el caso del segundo David de Donatello en el de Berroquio, de gesto
armonioso y suave, con una ambigua dulzura de sensualidad delicada y grácil, símbolo
de la inteligencia frente a la fuerza, materializado en el modelado suave del bronce.
Pero no fue fácil desembarazarse de las inercias tardogóticas presentes tanto en el plano
simbólico, la pervivencia conceptual del eudecristiano, como en el plano formal, la
pervivencia de las iconografías medievales en el imaginario colectivo, y en tercer lugar
en el plano social del trabajo artístico de entonces, organizado en torno a los gremios.
Primero, la iconografía medieval representaba al David como un rey de Israel sentado con
barba y salmodeando con un arma.
Transformar esta imagen anclada en el imaginario colectivo, en un Efebo desnudo, fue el encargo
que recibió Donatello de Cosme de Médici.
Su proyecto de república se sustentaba en dos pilares, el poder militar para oponerse
a sus repúblicas vecinas, Milán, Génevo y Venecia, y en segundo lugar, en potenciar
la manera artística antigua, así llamaban los artistas al nuevo arte del 480, que se
estaba gestando en Florencia y que Cosme quería convertir en seña de identidad florentina
frente al barbarismo de las potencias europeas invasoras de Italia, el Imperio Germánico,
Francia y España.
La iconografía del homonobus, el Efebo, se transforma de este modo en una potente herramienta
de propaganda y diplomacia al servicio de los médici.
Dos, pero para ser comprendido por el pueblo, el desnudo del David debía mantener algunas
referencias iconográficas del imaginario del XV, como el sombrero toscano con la corona
de Laurel, las sandalias romanas, la cabeza de Goliath entre sus pies, la piedra de su
mano izquierda y la espada de la derecha.
Y por si el mensaje no estaba lo suficientemente explícito, en 1992 la historiadora Christine
Sperling descubrió que Lorenzo el Magnífico, hijo de Cosme, añadió una cartela explicativa
tan del gusto gótico en el pedestal de mármol que sostenía la estatua y hoy perdido y que
rezaba así.
Con ello, Lorenzo homenajeaba a los florentinos que lucharon contra el expansionismo de Milán,
respaldado por los alemanes del Sacro Imperio.
De esta forma el David se convierte en símbolo de Florencia, sustentado en su triple victoria,
la del héroe bíblico sobre Goliath, la del héroe clásico que con su inteligencia como
Isis vence a Polifemo Goliath y finalmente la de la joven república florentina frente
a sus enemigos tradicionales, especialmente la jibelina Milán.
A medida que transcurra el 480 y la manera antigua vaya adquiriendo más desarrollo y
fuerza irán poco a poco desapareciendo estas inercias iconográficas góticas como veremos
en el David de Verrocchio y en el de Miguel Ángel.
Y en tercer lugar, la estructura gremial constituía el pilar básico de la república, dominando
económica y administrativamente la ciudad hasta el ascenso de la familia Medici a partir
de 1435.
En el caso del David, la fecha en la que probablemente recibe el encargo de Cosme, 1435, es clave
porque en ese año Brunelleschi es encarcelado brevemente por el gremio dei maestri di Pietra
en Legnamé por negarse a pagar las cuotas.
Un año antes había llegado León Bautista Alberdi a la ciudad exponiendo sus ideas reivindicativas
del artista como un intelectual, un humanista con libertad creativa por encima de las rigurosas
reglamentaciones del gremio.
En este contexto, las imposiciones de los campaneros integrados en el gremio dei fabri
con monopolio para llevar a cabo las fundiciones en bronce, condicionarán la composición
del David en contra de la voluntad del artista, como veremos a continuación.
Tras la caída de los Medici en 1494 por la pérdica de Savonarola, la signoría requisó
al David, pero no lo expuso en la plaza pública, sino que lo colocó en el interior del palacio,
pues además de no ser tiempos para exponer un desnudo tan sensual en la plaza, tampoco
lo veía la signoría como símbolo de la fuerza y arrojo de la nueva república.
Tras la quema como hereje de Savonarola y libres del mecenazgo de los Medici, la república
encargará a Miguel Ángel en 1503 la realización de un nuevo David, pero sintetizando esta
vez las dos iconografías del homonobus, la fuerza del guerrero y la belleza e inteligencia
del efevo, símbolos ahora sí de la nueva Florencia.
De esta forma Miguel Ángel culminará el proceso iniciado por Donatello, haciendo que
su desnudo sólo mantenga una única referencia factual al relato bíblico, la onda, pero
en un claro alegato de intenciones, la esconde en su espalda al considerarla una distracción
para el desnudo y el furore de la mirada del héroe bíblico.
Era tan evidente la ruptura con el David de los Medici, que durante los cuatro días de
su traslado hasta la Plaza de la Signoría, hubo florentinos mediceos que apedrearon el
David de Miguel Ángel.
Las sugerencias de algunos autores de que Donatello en su viaje a Roma se inspirase
en el antinoo del palacio Altemps parece imposible cronológicamente, ya que éste se menciona
por primera vez en un inventario de la Villa Ludovici en 1693.
Lo mismo sucede con el Hermes de la colección Pío Clementino del Vaticano, descubierto
en 1540.
Por el contrario, precedentes más probables son el Hércules de Nicola Pisano, un alterrelieve
del púlpito del Batisterio de Pisa, con una composición inspirada en el sarcófago de
Fedra e Hipólito del siglo II d.C. del Camposanto de Pisa, o en el David de Tadeo Gadi fresco
de la Capilla Baroncelli de la Santa Croce de Florencia, con la cabeza de Goliat entre
los pies, pero es el relieve de Hércules de la Porta de la Mandorla del Duomo de Santa
María de Ifiori, atribuido a Giovanni d'Ambrosio, el modelo en el que se inspira Donatello,
pero ya que, como vemos, las líneas y ángulos dominantes en la composición coinciden en
un alto porcentaje con las del David.
León Bautista Alberti, en De Statua, tomando como ejemplo el Marco Aurelio, reivindicaba
el papel social y urbano de la estatuaria, y es Donatello quien lo consigue situando
su David sobre un pódium en medio del patio del Palacio Medici, con lo que recupera un
elemento olvidado del clasicismo, pues nada quedaba de los foros republicanos e imperiales
adornados con multitud de estatuas exentas.
Sólo el grupo de Putis tirando del carro de Eros, de la visera del yelmo de Goliat,
está inspirado en una obra de orfebrería de la antigüedad griega perteneciente a las
colecciones de Cosme.
Al igual que los tres bronces que hizo Ghiberti para Orsan Michele, hoy sabemos que el modelado
estuvo recubierto de una pátina de oro por la restauración del 2007 y 2008, y hoy inexistente,
pues sus primeros 50 años estuvo en el patio del Palacio Medici, expuesta a las inclemencias
del tiempo.
Este detalle evidencia la influencia de la estatua ecuestre en bronce de Marco Aurelio,
que todavía hoy mantiene buena parte del dorado original.
El tono oscuro del bronce se debe a la proporción de estaño y cobre que se utilizaba en la
fundición en la Florencia de entonces, ya que Donatelo, ya que iba a revestirla de oro,
no la pulimentó con piedra pómez y vinagre, metal habitual, según el Vasari, de los escultores
para darle el tono verdoso por oxidación que presentaban los escasos restos de bronce
clásicos encontrados hasta la fecha y cuya identificación con el bronce sigue impresa
en nuestro imaginario colectivo.
Esta figura es tan natural en su vivacidad y suavidad, nos dice el Vasari, que a los
artistas les parece imposible que no se haya vaciado sobre el modelo vivo, pues no olvidemos
que esa técnica ya era conocida entonces como nos cuenta Cennino Cennini en su libro
En cuanto a la composición, segundo elemento de análisis, decía Lisipo, escultor clásico
griego, que se sentía orgulloso de modelar a los hombres no como eran, sino como deberían
ser atendiendo al canon, un canon que Vitruvio sintetizaba en su libro tercero de De arquitectura
en tres principios, la simetría, esto es la armonía entre los miembros entre sí y
estos con el todo, la proportio, la coordinación métrica del cuerpo atendiendo a un módulo,
en este caso la cabeza o el pie, y en tercer lugar la eurítmia, la flexibilidad orgánica
del cuerpo atendiendo a la mirada del artista, el escorzo y del espectador cuyas condiciones
de observación, distancia y altura podían alterar los dos primeros principios del canon.
Aunque esta racionalización de la belleza natural se perdió al final del mundo romano,
ya que el arte bizantino volvió a la representación conceptual y hierática de la figura,
León Bautista Alberti sí la conocía, de forma que la ubicación de la estatua sobre un pedestal
en medio del patio obligaba al espectador a verla desde un punto de vista bajo, la cabeza
del David estaría situada en torno a un metro sesenta por encima de la cabeza del espectador.
La historiadora Cristina Sperling, ese artículo ya citado, incluye un posible pedestal que pudiera
haber servido de base al David, lo que obligó a Donatello a aplicar la eurítmia, pues mientras
que en el San Jorge de Orsan Michele utiliza el canon de Gibert, de origen bizantino, ahora amplía
el volumen de la cabeza con el canon de ocho cabezas, por influencia de León Bautista Alberti,
y esquematiza el modelado de la cara del David, con un marcado arco superciliar que se continúa
con el perfil de la nariz, frente al detallismo de los pies y cabeza de Goliat, y diferencia
también el laurel de la corona del sombrero, tallado en amplios y toscos volúmenes expresivos,
de la corona del laurel sobre la que asienta los pies, esculpida con un mayor naturalismo y cuidado.
La intersección del ángulo de la mirada del David, con la horizontal que marca la altura de la cabeza
del espectador, sitúa el punto de vista óptimo de la estatua a una distancia de dos metros y ochenta y
nueve centímetros, por lo que la disposición en la que está colocada en el barguelo relativiza el
propósito del artista, anulando la arritmia de su composición. El naturalismo racional aristotélico
que defendía León Bautista Alberti, se vio condicionado por el gesto antinatural del David de
pisar con el pie izquierdo la cabeza de Goliat. Esta posición excéntrica llevó al gremio de
campaneros, con el monopolio de fundición del bronce, a pedir a Donatello que reajustara los
ejes de la estatua buscando mayor verticalidad y estabilidad. Diez años antes, Ghiberti había
fundido las tres estatuas en bronce para las ornacinas de San Michele, pues pertenecía al
gremio de orfebres que sí le habilitaba para la fundición. Y aunque las composiciones son
claramente volumétricas, haciendo que descansen sobre los dos pies equilibrados en un sólido
rectángulo reforzado por el manto que llega hasta los pies, Luciano Velosi y Aldo Rossi, en la edición
que hacen de las vidas del Vasari del 2002, afirman, en nota pie de página, que a pesar de su
experiencia en la fundición del bronce obtenida en las puertas del batisterio, la primera fundición
de San Mateo en 1421 le salió mal, debiendo repetirla al año siguiente. Con estos antecedentes, los
campaneros le pidieron a Donatello que reforzara la estabilidad de tan retorcido asiento, pues a
diferencia de Ghiberti, el desnudo del David se sostiene sobre los dos pies al aire.
La fragilidad de la pierna de sostén obligó a introducir una serie de recursos para que no se
quebrara, tales como elevar el ala del yelmo de Goliad hasta los glúteos, anclar los brazos al
cuerpo como asas de una crátera, especialmente el derecho que funde la espada con la pierna de
sostén, y amalgamar la base de la estatua en torno a una peana de apoyo, la desproporcionada corona
de laurel, sobre la que flota el pie derecho a la manera tardogótica, en un amasijo de bronce que
rompe la estilización y proporción de la figura. La estatua, por las restauraciones que ha sufrido,
sabemos que, al menos, fue fundida en siete partes. Años después, en la fundición de la
estatua ecuestre del condutiero Gattamelata, aprendida la lección, será el mismo Donatello
quien asuma, en el taller de Andrea de la Caldiere en Padua, el proceso de fundición de las 36 piezas
en que había dividido su obra. Esta posición antinatural de la pierna izquierda lo confirmará
años después Leonardo, en su tratado de la pintura, en su sección 237. El volver la pierna desde la
rodilla abaxo, sin hacer igual movimiento con el muslo, es imposible, porque la articulación de
la rótula es de tal modo que el hueso de la pierna, o tibia, toca con el del muslo de suerte, que su
movimiento es hacia atrás y hacia adelante. Pero además, esta posición forzada obligó a un complicado
reequilibrio de todas las líneas de la estatua. Decía León Bautista Alberti, en depictura, en su
libro segundo, que el hombre, en todas sus actitudes, pone siempre el tronco del cuerpo perpendicularmente
debaxo de la cabeza, que es lo que más pesa en todo él, y siempre que planta un solo pie, queda el pie
sirviendo de basa perpendicular a la cabeza, y casi siempre se endereza el rostro hacia donde cubre
la punta de tal pie. Nada de esto cumple el David, pues el pie de sostén adopta una posición vertical
e indefinida a la manera tardogótica por su fusión con la corona del laurel, y la cabeza gira hacia
la pierna exonerada, tal como aparecía en el sarcófago en el que se inspiró Nicoloso Pisano,
en su relieve de Hércules, ya citado, y que, dado su origen romano, se mantendrá durante todo el
480, incluso en los dibujos de Leonardo, en contra de las recomendaciones del vitruviano León Bautista Alberti.
Este giro de la cabeza descompensa el equilibrio de la composición hacia la izquierda y obliga
al espectador a complementar los distintos puntos de vista de la estatua, pues cada perspectiva
esconde una expresividad nueva, novedad en la estatuaria del 480. Sigue diciendo Leonardo en su
tratado de la pintura. La figura que se planta sobre un pie hace centro del peso universal en
aquel punto. Suben entonces los lineamientos que atraviesa, porque siempre han de formar
ángulos iguales con ella, pasándose por la parte sobre la que insiste la figura y elevándose en la
puesta. Y, siempre que el hombre se sostenga en un solo pie, quedará el total de su peso dividido
en partes iguales sobre el centro de gravedad que lo sostiene. Sigue diciendo y el hombro del lado
que insiste debe estar más vaso que el otro y la hoyola de la garganta deberá venir a caer sobre el
centro del pie en que estriba. Y la otra pierna que no sostiene se hará con la rodilla algo más
basa que la otra. 50 años separan el David del tratado de la pintura de Leonardo y, como puede
verse Donatello, se anticipa en buena medida al maestro da Vinci de la mano de león bautista
Alberti. Resumiendo, no hay pues clasicismo en el David y ni en el 480, sino un empirismo atado al
modelo natural que toma como referencia y a la experimentación de soluciones prácticas a los
problemas que iban surgiendo en el taller. El David de Donatello es el inicio de medio siglo
de experimentaciones para encontrar un modelo de belleza acorde con lo que predicaban los textos
clásicos que se conocían en parte, pero no con las imágenes aún por desenterrar. Consciente de
que los logros que estaban consiguiendo, la perspectiva, el furore de los sentimientos,
el movimiento natural de las imágenes, eran aportaciones propias y que la historia atribuiría
solo a su talento, como afirmó león bautista alberti en carta a brunelleschi. Es hora de hacerles
justicia desterrando la idea de un renacimiento del arte clásico en el siglo XV que no lo hubo
y proclamando el 480 como un siglo con luz propia, germen de nuestra manera de entender el arte.
Esta tesis la desarrollaremos en la próxima vídeo guía, el arte del 480.
