
19 La Catedral inexplorada y enigmática VIII Centenario de la Catedral
La Catedral de Burgos encierra detalles artísticos que no pueden verse. En sus agujas, cimborrio y cubierta existen secretos escultóricos y arquitectónicos que solo contemplan las palomas. Ningún turista puede acceder hasta arriba. El cabildo ha realizado proyectos para permitir su visita como en otros países europeos, pero en España estas actuaciones no son permitidas.
Ascenderemos a las torres y el cimborrio, pasearemos por la cubierta, y descubriremos obras de arte escondidas en lugares que el ojo humano no alcanza, expuestas solo a Dios, a quien dedicaron los artistas que la levantaron.
Desde un lateral de la nave central nos adentramos en un husillo retorcido y angosto que nos conduce a nuestra aventura a lo inexplorado y enigmático de la catedral. El caracol se aprieta a medida que sube, con pequeños escalones y paredes agobiantes.
Hemos aparecido en el triforio situado sobre la Escalera Dorada. Desde aquí tenemos una panorámica privilegiada, a media altura, del crucero.
Una puerta nos adentra en las entrecubiertas, estancias siempre cerradas, caminando sobre la bóveda de las capillas concebidas para verse desde abajo.
Acercándonos al altar mayor casi podemos tocar las estatuas de San Pedro y San Pablo, las únicas que miran directamente a la imagen de Santa María la Mayor, y nos adentramos en la penumbra trasera del retablo que recoge escenas de la vida de la Virgen.
Tras las fantásticas panorámicas del crucero y las naves continuamos nuestro camino hacia las alturas.
Subiendo por otro usillo aparecemos en la cubierta, donde hacemos un pequeño descanso admirando las extraordinarias vistas. Luego entramos en la torre de Juan de Vallejo. El husillo nos deja en la parte superior del cimborrio. Allí una puerta de metro y medio de altura nos sumerge repentinamente en un paraíso de arte.
Nos quedamos boquiabiertos. Entramos en otra dimensión admirando la infinidad de detalles que Juan de Vallejo dejó en el lugar más bello del templo, con su originalidad arquitectónica y valiosa decoración escultórica. La asombrosa estrella de ocho puntas sobre nuestras cabezas parece indicarnos que estamos en el cielo.
Mirando con vértigo hacia abajo tenemos una visión cenital increíble del altar mayor, el coro y las naves. A esta altura los visitantes parecen hormigas.
Bajamos por el husillo que nos deja de nuevo en la cubierta, que nos disponemos a recorrer.
Esta parte alta de la catedral posee uno de los mayores conjuntos escultóricos del gótico del siglo XIII y del renacimiento del siglo XVI. Centenares de esculturas monumentales forman un programa didáctico escrito en piedra.
Tenemos una visión espectacular de los pináculos de la capilla de los condestables, el claustro, las capillas, los arbotantes y los ventanales ojivales.
Los ángeles custodian nuestro avance por la cubierta. Las gárgolas están rodeadas de quimeras, cabezas y escudos.
El vértigo se hace insostenible atravesando la estrecha galería abierta sin quitamiedos de la fachada del Sarmental.
Tenemos una visión cenital de la plaza del rey San Fernando y las cubiertas de las capillas que dan al sur.
Llegamos a la galería de los Reyes, atravesándola igualmente y asomándonos entre sus estatuas para ver la plaza de Santa María.
Ahora subiremos a las torres. En su interior albergan un primer tramo de escaleras de estructura metálica y un segundo con husillos de escaleras de caracol.
Entramos primero en la torre norte viendo sus columnas recortadas, mal necesario para que pudiera entrar “La Mauricio”, la campana más grande de la catedral de dos toneladas de peso del año 1550.
Subiendo la estructura metálica llegamos al usillo que nos deposita en el mirador de la torre. A esta altura se ve casi toda la ciudad.
Nos fijamos en los detalles escultóricos de la otra torre, con figuras de animales esculpidas en la base de la aguja.
Mas tarde descendemos a través del estrecho usillo y la estructura metálica, para ascender a la torre sur.
Las agujas piramidales de base octogonal con finos calados de estilo alemán, son de Juan de Colonia, y su hijo Simón. Fueron levantadas con las aportaciones económicas del obispo Alonso de Cartagena y más tarde Luis de Acuña, cuyos blasones, junto con los de la monarquía castellano-leonesa, aparecen en los antepechos que conectan con las cúspides de las torres.
Tras bajar de la torre sur continuamos el recorrido por la cubierta hasta la galería de la fachada de la Coronería.
La tarde está cayendo y nos dirigimos al husillo que nos conduce a la base de la nave central para finalizar nuestro viaje a lo inexplorado y enigmático de la catedral.
Ojalá algún día se pueda subir a la cubierta, realizando las obras necesarias, para poder descubrir este paraíso escultórico oculto.
Guión y comentarios: Agustín Lázaro López
Adaptación del guión, filmación, montaje y materialización: Juan Carlos Llorente
Producción: PROYOU DIGITAL
Colabora: Cabildo de la catedral de Burgos.
