PIRINEOS En el Pirineo Occidental, los ríos Aragón-Subordán, Veral, Esca e Irati corren perpendiculares a la cordillera formando profundos valles hasta desembocar en el río Aragón que conduce sus aguas hasta el Ebro. En el año 2007 recuperé en un documental el oficio de los almadieros o navateros que bajaban con sus grandes balsas de madera hasta llegar a Zaragoza, Caspe y en muchas ocasiones a Tortosa.
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🤠 Te animo a conocer más sobre mi vida, trabajo y trayectoria en este DOCUMENTAL BIOGRÁFICO: • EUGENIO MONESMA. 40 años de vida, trayecto...
La construcción de las navatas comenzaba
con el corte de la madera que se
realizaba en los meses de invierno, la
época más apropiada para garantizar su
conservación.
Desde el interior del bosque se
trasladaban los troncos sueltos con
caballerías o con buelles hasta el
caudal más cercano que facilitara su
barranqueado hasta llegar a una zona
amplia del río.
[Música]
Listo.
Las navatas se montaban en los ataderos
de Salvatierra y de Sigüés, en un
espacio a las orillas del río Esca,
donde el caudal facilitaba el traslado
de la madera en forma de grandes balsas.
Allí los nabateros comenzaban a
construir las navatas atando unos
maderos con otros.
A golpe de hacha, en las puntas de cada
tronco se tallaban unos asientos en
forma de L que se remataban por uno o
dos agujeros perforados con una barrena.
Sobre unos troncos transversales se iban
atablerando los maderos de una misma
longitud y grosor, previamente
preparados y con sus extremos alineados.
Los nabateros utilizaban todos aquellos
elementos que la propia naturaleza les
ofrecía.
Los arbustos o sargas que crecen
espontáneamente a las orillas del río
les servían para fabricar los verdugos.
Seleccionados los brotes más largos, se
cortaban y limpiaban con la navaja y
luego se retorcían hasta que sus fibras
quedaran sueltas y flexibles.
Los verdugos preparados se guardaban
atados en fajos a remojo en el agua
hasta su utilización.
Las ramas más recias de los cajigos eran
apropiadas para fabricar los barreros
que transversalmente facilitaban la
unión de unos troncos con otros.
Atadas las dos puntas de los grupos de
maderos con un anudado especial de los
verdugos, quedaba construido cada tramo
de la navata, cuya anchura llegaba a
superar los 4 m.
La preparación de los remos requería
mucha habilidad y precisión.
Marcadas las líneas de corte con una
cuerda impregnada en polvo de carbón, se
procedía al estrechamiento de la mitad
longitudinal de un largo y recto tronco
de pino o abeto.
La tarea de humedecer los verdugos de
las uniones de los maderos para
facilitar su flexibilidad iniciaba el
rebajo de echar los cuerpos de la navata
al agua, deslizándose como una
estructura flexible de gran capacidad.
Cada una de estas grandes balsas podía
llegar a pesar unos 4000 kg y la unión
de unas con otras se hacía con tres
acopladeras a modo de verdugos de mayor
grosor.
Normalmente en los tramos estrechos y
poco profundos del río, las navbatas
estaban compuestas por dos o tres
cuerpos,
pero cuando llegaban al río Ebro se
unían unas a otras formando una gran
plataforma flotante que se desplazaba
por el cauce arrastrada por el agua.
Una vez que la navata estaba totalmente
montada, flotando en el agua, los
nabateros preparaban los soportes para
los remos.
En esta operación se ponía especial
cuidado, pues la seguridad de la navata
y por tanto la de ellos mismos dependía
de este elemento de gobierno.
Las nabatas más grandes disponían de dos
remos delanteros y uno trasero.
En las pequeñas solo se colocaba uno en
cada extremo.
[Aplausos]
Antes de partir río abajo, los nabateros
echaban sobre la navata unos fajos de
verdugos para reponer los que se
rompieran durante el trayecto y unas
barras de madera para apalancar en los
casos de atasco.
Cuando llegaba la primavera, los
nabateros de Salvatierra y Sigüés se
lanzaban río abajo con las grandes
plataformas de madera para ganarse unos
buenos jornales.
En esta época, el fuerte caudal, avenado
por el deshielo en las montañas
pirenaicas, presentaba las mejores
condiciones para el traslado de la
madera.
A partir de ese momento comenzaba un
largo y duro trayecto por el río Esca
hasta encontrarse con los compradores de
la madera en las localidades ribereñas
que les llevaba por la venta de Carrica,
donde se desviaban al río Aragón que les
conducía hasta el Ebro.
Entre los puntos más difíciles del
recorrido para los altoarragoneses y
roncaleses destacaba el congosto en la
voz de Sigüés o el vocal de Tudela,
donde había que partir las navatas en
dos tramos para superar el salto.
Habilidad, fuerza y conocimiento de cada
tramo del río eran las tres condiciones
que debía tener todo buen nabatero. Un
oficio bien pagado, pero lleno de
riesgos.
Por ello, entre el hombre y el río había
una relación de respeto.
Los nabateros conocían bien todos los
secretos de la navegación por el río y a
golpe de vista distinguían a lo lejos la
zona menos peligrosa por la que tenían
que pasar.
A pesar de todas las precauciones, el
transporte de la madera por el río no
estaba exento de accidentes y han sido
muchos los nabateros que dejaron su vida
en las tortuosas aguas del río.
El nabatero que manejaba el remo
delantero se llamaba puntero y su
trabajo debía estar muy bien coordinado
con el que se encargaba del remo trasero
o codero para que la navata no se
cruzara.
Las uniones de las argas proporcionaban
una gran flexibilidad a la larga
superficie que ocupaba una navata, lo
que le permitía afrontar las curvas de
los ríos y los saltos de agua con
independencia de un cuerpo respecto al
otro.
Según el destino final, el viaje hasta
Tortosa duraba entre 7 y 15 días,
dependiendo de la cantidad de agua que
bajara por el río y de las veces que la
navata embarrancara por falta de caudal.
La climatología y los vientos dominantes
también influían en el transporte.
El aire y la niebla se convertían en
unos factores climatológicos tan
negativos que en ocasiones obligaban a
los nabateros a detenerse a la orilla
del río.
Las noches se pasaban en fondas o
posadas fijas, donde los nabateros
descansaban y se aprovisionaban de todo
lo necesario para el día siguiente.
En el año 1931,
el río Esca llegó a transportar unas
1000 navatas que suponían unos 15000 m
cúbicos de madera.
Las navbatas se terminaron hace muchos
años.
En el siglo XX, al construirse las
carreteras que unían el Valle del Roncal
y las localidades de Sigüés y
Salvatierra, con la que comunicaba Jaaka
con Pamplona, se inició el transporte
terrestre de la madera, primero en
carreta y posteriormente en camión.
Esta modalidad convivió hasta los años
50 con el tradicional sistema de las
navatas, hasta que la construcción de
embalses y la casi nula rentabilidad
económica hicieron imposible el descenso
de la madera por el río.
[Música]
Soy Eugenio Monesma, director y
productor del documental que acabas de
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