
Jaén, España, Castillo de Santa Catalina - Fortalezas medievales de Europa
Elevado sobre Jaén a modo de sempiterno defensor de la ciudad, el Castillo de Santa Catalina es de primitiva traza árabe ampliada y modificada tras su conquista por Fernando III. A escasa distancia se levanta una cruz monumental que mandó colocar dicho rey al entrar en la ciudad en la primavera de 1246.
El Castillo de Santa Catalina o Alcázar Nuevo consta de un recinto amurallado, casi triangular, defendido por seis torres. Su interior alberga un Centro de Interpretación Turístico, que ofrece al visitante la posibilidad de conocer la historia del castillo y de la ciudad.
Cuenta con magníficas vistas y un Parador de Turismo anexo. Declarada Bien de Interés Cultural el 3 de junio de 1931. Jaén se convirtió en nueva sede episcopal en 1248, a poco de su conquista por Fernando III. Siguiendo la tradición de ocupar el espacio de una mezquita, consagrándolo, la primitiva catedral mantuvo la estructura de aquélla durante más de un siglo hasta la segunda mitad del s. XIV en que el obispo don Nicolás de Biedma decide construir un nuevo edificio, ya gótico, de cinco naves y un claustro al lado norte, ya que por el sur corría la muralla. Cien años después flaqueaba esta construcción y se emprende una nueva fábrica, en torno a 1492, en el episcopado de don Luis Osorio, dentro de la corriente del gótico flamígero o último, se supone que con trazas de Enrique Egas, pero su verdadero artífice es Pedro López y Diego Martínez hasta que en 1525 se derrumbara el cimborrio sobre el crucero, que puso fin al proyecto medieval.
En 1548 se decide la reanudación de las obras, pero ahora bajo el nuevo estilo al “antiguo” o “romano” entonces imperante. A tal fin son consultados los arquitectos Jerónimo Quijano, Pedro Machuca y Andrés de Vandelvira, siendo este último el que se quedara como Maestro Mayor a partir de 1553 hasta su muerte en 1575. Durante este tiempo sólo se realizarían las dependencias auxiliares: Sala Capitular, Sacristía y Bóveda Panteón más el Archivo y Biblioteca en planta alta, que ocupan el bloque lateral de la cabecera en el ángulo suroriental. Aunque parezca poco, sin embargo es lo suficiente para condicionar el esquema del desarrollo del cuerpo basilical de la iglesia al dejar también planteado el alzado del muro de la nave sur. Dicho esquema consistía en una planta de tres naves, todas a igual altura, separadas por pilares cruciformes, según el modelo de la catedral de Granada, que conforman una estructura modular cubierta con bóvedas vaídas. Lo más original será el alzado del muro, donde cada uno de los módulos subdivide el gran arco que lo forma en otros dos a la altura de la planta principal, para dar origen a sendas capillas, y abriendo en la mitad superior ventanas correspondientes a estancias y galerías, que recorren todo el templo, más los grandes ventanales o claristorio en el tímpano del gran arco en forma de “serlianas”.
Este esquema, absolutamente vandelviriano, fue continuado por su aparejador y fiel colaborador, Alonso Barba, hasta finales del siglo, si bien con pareceres de otros arquitectos como Francisco del Castillo, Juan Bautista Villalpando y Lázaro de Velasco, que poco variaron. Después se interrumpen las obras por falta de medios hasta que en 1635 se emprenden de nuevo, bajo el impulso del obispo don Baltasar de Moscoso y la dirección del arquitecto Juan de Aranda Salazar. Esta fase comprende hasta 1660, fecha en que se consagra la nueva catedral, cuando se había realizado el tramo que va desde la cabecera hasta el crucero, cuya cúpula es traza de Aranda. Una tercera fase, emprendida en 1667 por los pies, será dirigida por el discípulo de Aranda, Eufrasio López de Rojas, quien diseña la fachada, luego concluida por su continuador al frente de las obras, Blas Antonio Delgado, quien remata las torres a principios del s. XVIII. La última fase se emprendería en 1736 bajo la dirección del salmantino, José Gallego y Oviedo del Portal, y afecta al tramo comprendido entre la fachada y el crucero, centrándose su intervención en la construcción del coro, acaso la parte más disonante con el proyecto renacentista. Por último, Ventura Rodríguez, ultimaría algunos detalles para su terminación y sobre todo diseñaría la magnífica Capilla del Sagrario, como templo anejo, en el lado noroccidental, en perfecto equilibrio con el opuesto de la Sacristía, en un estilo barroco clasicista romano, finalizado por su sobrino Manuel Rodríguez, justo en 1800.
