
SALAGUTI Un artista autodidacta Lugares con encanto en 4K
A tres kilómetros de la localidad de Sasamón, de la provincia de Burgos, encontramos la Casa-Museo de Salaguti, situada en lo alto de un cerro con un privilegiado mirador donde se ven bonitos atardeceres. Vamos a descubrir una de las casas-museo más fascinantes del surrealismo fantástico en el mundo de la mano de su propio creador. Admiraremos la originalidad exterior del edificio y su espacio interior, con una excelente muestra de pinturas, tallas de madera y esculturas.
Al acceder al jardín vislumbramos la singular masa escultórica de grandes bloques prismáticos, con cubierta que se asemeja a una tortuga gigante de caparazón perforado.
Este lugar es su morada, su taller, su espacio expositivo y vital que ha ideado minuciosamente. Por un lado está la casa, con un sótano realizado a pico y pala con sus hijos, y por otra el museo, ambos creados por Carlos Salazar Gutiérrez, conocido artísticamente como Salaguti.
Nació el 12 de Julio de 1944 en Sasamón, y desde niño desarrolló una especial inclinación por el dibujo y las artes plásticas.
Su padre era constructor y él le ayudaba a hacer las masas y otros trabajos. Y su madre confeccionaba la ropa que llevaban. Posiblemente el ambiente en el que vivía le sirvió de inspiración y creatividad.
A los dieciocho años se trasladó a Madrid para encauzar y completar su formación artística, y adquirir nuevas técnicas, pero fue suspendido para su ingreso en la Escuela Superior de Bellas Artes de San Fernando. Ello no supone obstáculo en su carrera artística, y regresa a Sasamón, para desarrollarse de forma autodidacta, como una forma de vida y de crear arte, a base de mucho sacrificio y perseverancia.
En su dilatada vida artística ha expuesto en París, Bruselas, Madrid, Valladolid, Vitoria, Logroño, Cáceres y Burgos, haciéndose acreedor del primer premio de escultura otorgado por el Ayuntamiento de Getafe, la Medalla de Bronce “Société d´Encouragement ou Progrés” de París y la “Palma de Oro” de la Asociación Belga-Hispana, de Bruselas.
Aprovechó el terreno heredado de una tía-abuela, comenzando a dar rienda suelta a su creatividad. Aquí realizó la práctica totalidad de su obra incluyendo una de las más importantes, su “Casa-Estudio”, que con posterioridad se convirtió en museo.
La originalidad del edificio mezcla el surrealismo, el arte abstracto y la ciencia ficción en una gran escultura, donde en su fachada está moldeado el auténtico auto retrato del artista, aunque él la llama «esfinge».
Comprobamos que la obra de Salaguti es única, con su extraordinaria representación del universo en la cúpula que cubre la casa-museo. El cosmos, con sus planetas y sus estrellas orbitando. La iluminación cenital, se realiza a través de un orificio en la zona más alta de la cúpula.
En la planta superior sorprende la barandilla con caras que tratan de escapar de la materia construida.
El conjunto de obras interactúa con las entradas de luz natural, que varían según la orientación y la hora del día. Sus esculturas y cuadros decoran cada rincón con formas imposibles repletas de carisma, como una autobiografía de su evolución artística. Todo lo que hace tiene un significado.
Su estilo surrealista fantástico, está presente en sus pinturas y acrílicos, en los cincelados en piedra, mármol, hierro, bronce, los tallados en madera, así como los moldeados en hormigón, que parecen cobrar vida. Un misticismo cósmico, religioso y nuclear que no puede encasillarse en ninguna de las vanguardias artísticas actuales.
Según él nunca supo qué quería hacer, simplemente se dejó llevar, fluyendo las ideas en su cabeza. Pero nunca pierde la necesidad de seguir creando y alargar su legado.
Sus abundantes obras están muy repartida en colecciones particulares, junto con obra civil a lo largo y ancho de toda la geografía española, e incluso, parte de Europa, con monumentos conmemorativos, fuentes artísticas, o elementos ornamentales en parques públicos.
Aunque la Casa-Museo es su obra culmen, aún desea realizar una obra gigantesca que sea práctica. En la parcela dotacional de 5.000 metros cuadrados del antiguo parque de Artillería de Burgos, ha propuesto construir un gran centro de ocio cultural diseñando un proyecto con un núcleo de vida de hormigón, de gran espacio, en el que penetra la luz a través de cráteres cerrados con vidrieras de cristal. Un edificio emblemático que atraería a visitantes de todo el mundo.
También ha editado dos libros con sus obras y grandes bocetos arquitectónicos, propios de la ciencia ficción y del más allá, que se muestran en el museo.
Bajando la escalera de caracol nos topamos con un pequeño estudio de trabajo, donde está todo lo necesario para realizar sus obras de pintura, algunos bocetos para sus futuras creaciones y un viejo piano. En la parte baja de la finca tiene otro taller más grande para realizar esculturas, con cinceles para la piedra, gubias para la madera, un diamante y hasta un martillo hidráulico.
Salaguti pertenece para siempre al paisaje burgalés.
