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Cuando pensamos en Roma, imaginamos el Coliseo o las ruinas de los antiguos foros romanos, pero existen otros momentos de esplendor como el barroco, del s. XVII, época de reformas en Roma, con grandes arquitectos como Bernini y Borromini, que realizaron fuentes, plazas, iglesias, palacios, patios y esculturas que cambiaron Roma.
Partimos de la Iglesia de la Trinidad del Monte, ubicada en la parte alta de la escalinata de Plaza de España, que fue consagrada en 1585 por el Papa Sixto V. Delante está el Obelisco Salustiano, que erigió el Papa Pío VI a finales del s. XVIII imitando a los obeliscos egipcios.
Es uno de los lugares más concurridos de Roma. Su escalinata es lugar de encuentro de romanos y turistas, siendo escenario de muchas de películas.
La Fontana della Barcaccia, en el centro de la plaza, fue diseñada por Pietro Bernini para el Papa Urbano III y concluida en 1627 por su hijo, Gian Lorenzo Bernini. Posee forma de barco y tiene grabados los emblemas de la familia Bernini: soles y abejas.
Frente a la Embajada de España, que da el nombre a la plaza, está la estatua de la Inmaculada.
El Café Greco es uno de los más elegantes y antiguos de la ciudad. Fundado en 1760, es el tercer local comercial más antiguo del mundo en actividad.
La basílica menor de San Andrés de las Malezas se reconstruyó en estilo barroco, por Francesco Borromini, sobre una iglesia del siglo XI, entre 1653 y 1658.
La fuente más monumental de Roma y una de las más hermosas del mundo es la Fontana di Trevi. Su monumentalidad con 20 metros de anchura y 26 de altura contrasta con la pequeñez de la plaza donde se ubica, escondida entre callejuelas, sorprende a los turistas, destacando sus formas armónicas y la expresividad de sus esculturas.
El Templo de Adriano se construyó en el año 145 en honor al emperador Adriano. Hoy solo se conservan once columnas corintias de quince metros de altura sobre un podio de cuatro metros de altura.
En la Piazza de la Rotonda esta el Panteón de Agripa, o Panteón de Roma, el edificio mejor conservado de la antigua Roma.
La fachada rectangular está compuesta por 16 columnas de granito de 14 metros de altura, sobre las que está la inscripción “Marco Agrippa, hijo de Lucio, cónsul por tercera vez, lo hizo".
Es un edificio circular que mide lo mismo de diámetro que de altura: 43,30 metros. La cúpula es mayor que la de la Basílica de San Pedro, y en su centro se abre un óculo de 8,92 metros de diámetro, para que la luz natural ilumine el edificio.
Este templo dedicado “a todos los dioses de Roma” se ha convertido en la iglesia de Santa María de los Mártires, albergando gran cantidad de huesos procedentes de todas las Catacumbas de Roma de los mártires de las persecuciones.
El obelisco de la plaza, conocido como de Ramsés II, es pareja del que está en la Villa Celimontana, al sur del Coliseo romano, y data de la época de Ramsés II en la XIX Dinastía.
La iglesia de San Luis de los Franceses, una auténtica joya del arte barroco, se encuentra entre el Panteón y Piazza Navona, y alberga importantes obras de Caravaggio.
En la Plaza Navona, gran exponente de la Roma Barroca, estaba el estadio de Domiciano del año 86. Ahora es una zona muy animada con actuaciones de artistas callejeros, magos o bailarines, a cualquier hora del día. En su centro está la Fuente de los Cuatro Ríos, una de las obras más conocidas de Bernini, que representa a los ríos Danubio, Nilo, Ganges y Río de la Plata, simbolizado los continentes de Europa, África, Asia y América.
En un extremo de la plaza está la Fuente del Moro o "Fuente del Caracol" y en el otro la Fuente de Neptuno, diseñadas por Giacomo della Porta.
En la Plaza está también la iglesia de Santa Inés en Agonía, en el lugar donde fue martirizada la santa. Es una hermosa capilla, de techos con frescos, esculturas y finos altares, con gran trabajo de mármol. Tiene una cúpula maciza, columnas corintias y planta de cruz griega.
Por último nos dirigimos por los márgenes del rio Tiber hasta el Castillo de Sant’Angelo, conocido como Mausoleo de Adriano o Mole Adrianorum, surgido por voluntad del emperador Publio Elio Traiano Adriano en el 135 d.C. como su mausoleo fúnebre, inspirado exteriormente en el mausoleo de Augusto, que se construyó en la ribera opuesta un siglo antes.
En el año 590, durante la gran epidemia de peste, el Papa Gregorio I tuvo una visión del Arcángel San Miguel en la cima del castillo, anunciando el fin de la epidemia. En su recuerdo, la estatua de un ángel corona la fortaleza.
En el año 1277 se construyó un corredor fortificado de 800 metros de longitud que lo conectaba con la Ciudad del Vaticano y durante los asedios de 1527, el Papa Clemente VII utilizó la fortaleza como refugio.
El actual aspecto Barroco de Roma se debe a los Papas del siglo XVII: Urbano VIII, Innocenzo X, y Alessandro VII, grandes impulsores de este estilo con arquitectos como Bernini y Borromini.
