Así te MANIPULÓ la Publicidad para que Uses Desodorante 😱📝

Así te MANIPULÓ la Publicidad para que Uses Desodorante 😱📝

1 Visualizaciones de video·18 ago 2024  #Marketing #Ventas #Negocios

Si te dijéramos que la razón por la que usas desodorante no es porque lo necesitas, sino porque la publicidad te manipuló para hacerte creer que lo necesitabas, ¿Nos creerías?

“Imagina que sales de casa con prisa y se te olvida aplicarte el desodorante. Crees que no será para tanto, pero el calor y la actividad te hacen sudar excesivamente y tu olor corporal se vuelve absolutamente desagradable. Tus compañeros de trabajo y amigos lo notan. Recibes críticas y burlas, y esa persona especial se aleja de ti…” Con este tipo de anuncios, las empresas de desodorantes manipularon al público de 1920 para lograr posicionar un producto que era prescindible, hasta convertirlo en una industria que factura más de $72 mil millones de dólares al año. En este video, descubrirás cómo la popularidad y el uso del Desodorante se reduce a un marketing inteligente que apunta a lo único que nos hace humanos...

En 1888, un inventor desconocido de Filadelfia desarrolló una crema cerosa con bajo contenido de óxido de zinc antibacteriano que servía como desodorante. La bautizó como “MUM”. No obstante, el producto no era muy popular, pues, en aquel entonces, la gente conocía muy poco su propio cuerpo como para usar una crema en sus axilas.

Unos años más tarde, a principios de 1900, el Dr. Abraham D. Murphey desarrolló un líquido antitranspirante para ayudar a los cirujanos con manos sudorosas. El producto fue bien recibido entre sus colegas.

En cierta ocasión, su hija, Edna Murphey, sintió que sus axilas sudaban excesivamente y se le ocurrió aplicarse el producto de su padre en esa área. Fascinada por el resultado, la chica decidió comenzar a comercializarlo como un producto para mujeres. Lo llamó “Odorono” y rentó una oficina en Cincinnati, Estados unidos, para su distribución.

Al principio fue muy difícil venderlo, porque sus usuarios potenciales creían que era innecesario o que podría afectar su salud, además de que pensaban que su color rojizo característico podría estropear su ropa. Sin embargo, en 1912, en una exposición de verano en Atlanta donde Edna intentaba impulsar el producto, el calor hizo que los sudorosos asistentes vieran el producto de la joven como un milagro. Gracias a ello, Edna y su padre se fueron del evento con $30 mil dólares en ventas.

Con el dinero de las ventas y un préstamo bancario por $50 mil dólares de la época, Edna decidió invertir en una prestigiosa agencia de publicidad en Nueva York llamada J. Walter Thompson. En ella trabajaba James Webb Young, joven redactor y ex vendedor de biblias puerta a puerta que gracias a su ingenio se convertiría en una de las grandes mentes de la publicidad del siglo XX.

Inicialmente, James enfocó la publicidad del producto en los periódicos como una cura para la sudoración excesiva, como si se tratara de un problema médico. Y, aunque miles de mujeres conocieron el producto por estos anuncios, solo un tercio de ellas se animaron a probarlo.

Insatisfecho por los resultados, James optó por darle un giro de tuerca a la publicidad. En 1919, publicó un artículo en la revista para mujeres Ladies' Home Journal, donde mencionaba que muchas jóvenes eran rechazadas por sus parejas potenciales debido a su olor corporal, por ende, “si eras una mujer y no resolvías el problema, nadie te iba a amar”. Posteriormente, publicaría otros artículos, todos enfocados en crear una inseguridad sobre el olor corporal y en cómo el mal olor podría generar rechazo de otras personas.

Estos artículos causaron una gran indignación en el colectivo femenino, pues sintieron que era un insulto. No obstante, desde el punto de vista del marketing la estrategia fue un completo éxito. Las ventas de Odorono se dispararon de forma inmediata. En solo un año, las ventas del producto subieron un 112%. Y, para 1927, la empresa ya había superado el millón de dólares en ventas.

En 1929, Edna Murphey vendió la empresa por una cantidad desconocida a Northam Warren.

El éxito del producto inspiró a otros publicistas e hizo que gran parte de la publicidad de la época estuviera enfocada en hacer sentir mal a las personas consigo mismas para venderles toda clase de productos.

El siguiente objetivo de la publicidad de los desodorantes serían los hombres. Para lograr entrar en este grupo demográfico, adaptaron su mensaje tratando de explotar las inseguridades laborales de la gran depresión. La publicidad llegó hasta el punto de decir que “tener un buen olor” era una cualidad muy buscada en los currículums. Los anuncios publicitarios más comunes afirmaban que, si un hombre no se preocupaba por su olor corporal y no tomaba medidas al respecto, nadie lo iba a contratar.

De esta forma, fue como el desodorante pasó de ser un producto que casi nadie necesitaba a convertirse en una industria que mueve más de $72 mil millones de dólares al año.

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